SOBRE EL ESTADO LAICO

Autor: José Raúl Soto Vázquez Fuente: Comité Interdependiente Anti-Sida

A LA OPINIÓN PÚBLICA

“Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado a un grupo a una persona para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en este Declaración”. (Art.30 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos)

El 28 de marzo del presente año en el Periódico Reforma, apareció un desplegado con el título: EN DEFENSA DEL ESTADO MEXICANO LAICO, firmado por una extraña mezcla heterogénea de connotados personajes de nuestro país, preocupados por una supuesta conjura en contra del Estado laico; un documento lleno de demagogia y fariseísmo.

El problema es histórico, el gobierno del cambio prometió un estudio ve­raz e imparcial de la historia, porque ciento cincuenta años de mentiras oficiales han dejado una huella muy profunda en este país, y han deforma­do aún a sus mejores hombres. Sin esta premisa es muy difícil superar estas actitudes preocupantes y contradictorias.

Según los documentos de la O.N.U. cualquier convicción se equipará a las creencias religiosas por consiguiente el laicismo es una convicción que tiene las mismas limitantes de cualquier creencia, imponerlo es imponer un tipo de pensamiento y de instituciones en detrimento de otras convicciones, lo que nos licito de acuerdo a la Declaración sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o las convicciones del 18 de enero de 1982.

Ni el Estado confesional, ni el Estado laico, garantizan por sí mismos, la libertad religiosa. Se arguye la supuesta ofensa que se hace a los no cre­yentes, pero no se reconoce la discriminación que de hecho se hace a los creyentes con un Estado laico. Si la democracia es la imposición de lo que piensa la mayoría (sin restringir los derechos de las minorías), saquemos las consecuencias: Lo mejor es no imponer convicción alguna a creyentes y no creyentes.

Los liberales clásicos, entre ellos Juárez, hablan de la separación de la Iglesia libre, dentro del Estado libre, en la verdadera democracia el Estado no tiene supremacía sobre nadie, sino que está al servicio de las personas, de las instituciones y de la sociedad. Es el Estado el que siempre ha tenido la tendencia a absolutizarce en todas partes y terminando el hombre sien­do esclavo de él.

La Constitución de 1857, establecía la educación libre y esto es lo que propuso el Presidente Carranza al Constituyente de 1917, que elaboró la Constitución en sólo cuarenta días.

Pienso que lo que más ha causado escozor, es la práctica religiosa nor­mal de cualquier católico que tiene el Presidente Fox. Hay que comparar con el actuar de muchos presidentes de otras naciones:
Vladimir Putin, ha declarado que la historia de Rusia no puede enten­derse sin la Iglesia (ortodoxa), y cada navidad y pascua, participa plenamente en las celebraciones religiosas, el Presidente Scalffaro, asistía dia­riamente a misa, durante su visita a México y participó en la Basílica en la procesión de Ramos. El General De Gaulle, visitó la Basílica recibido bajo palio y besando el crucifijo; y el Benemérito Juárez asistía a misa todos los domingos públicamente y de rodillas; se dice pidió al sacerdote en el ins­tante de la muerte con la significación y consecuencias que se tenían en esa época.

La libertad religiosa es un derecho primario y fundamental que debe expresarse en cualesquiera circunstancias por los individuos sean gober­nantes o súbditos. No se puede hacer discriminación suponiendo un Esta­do laico, que además nunca ha optado por él democráticamente el pue­blo mexicano.

La Constitución de 1917 vulneraba las dos terceras partes de los artículos de la Declaración Universal, antes de las modificaciones de 1992; que de todas formas no se ajuntan a la Declaración Universal y siguen siendo discriminatorias considerando al hecho religioso como un Estado de excepción.

El compromiso de México al signar todos los pactos internacionales, es adecuar, la legislación mexicana a estos documentos, por lo que nadie debe descansar hasta obtener una plena concordancia con dichos pactos que tutelan los derechos humanos.

Nuestros libertadores nunca pensaron en un país laico. Es ingenuo pensar que todo vestigio religioso debe ser eliminado de¡ Estado; "no matarás y no robarás", los establece el decálogo, el domingo, la navidad, el año nuevo, el grito de Dolores, el himno nacional, la bandera trigarante y quinientos años de cultura deben también ser Ignorados.

En un mundo en que ya no hay dioses tampoco puede haber semidioses (hombres mitificados), ni premisas legales inamovibles, íconos creados por la élite que nos ha gobernado y expoliado durante ciento cincuenta años y que no pretenden un verdadero Estado laico (abierto a la trascendencia), sino un Estado ateísta digno de la Albania de Hoxha.

Ni el Papa, ni los obispos, ni sacerdotes mexicanos, pretenden que la Iglesia regrese a épocas pasadas, que además nunca fueron idílicas, lo que sí desean es la libertad que supone todo régimen realmente democrá­tico, sin discriminaciones ni suspicacias. Leviatán no puede ser jamás un buen compañero.
http://www.cem.org.mx/Noticias/estadolaico.htm
 
 
 
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