LA FAMILIA, FACTOR DE PROTECCIóN Y RIESGO

Autor: José de Jesús Castellanos Fuente: Yo Influyo

familia188  La sociedad mexicana se apresta a conmemorar el día de la familia. Algunos se preguntan cómo es que tenemos que festejar y llamar la atención acerca de algo que es tan cotidiano y tan cercano. ¿Qué pasa con este hecho social que es necesario provocar a la sociedad para recordar su importancia? ¿Acaso ya no es válido aquello de que la familia es la célula básica de la sociedad? ¿O tendremos que admitir que la familia está en crisis?

Ciertamente que el hecho social familia se encuentra en medio de tensiones y problemas que requieren detenerse a hablar de ella y a revisar su significado en la sociedad moderna, pues no faltan quienes la desechan, la combaten o quieren tirarla a la basura como un fenómeno obsoleto y que estorba.

A la familia se le puede observar y ver desde muchos ángulos. Quisiera detenerme en esta ocasión, en la observación de la familia en relación con el creciente fenómeno de las adicciones, ya que existe una creciente alarma en la sociedad mexicana, no tanto por el tráfico de drogas, que llama más la atención desde el punto de vista periodístico, sino de los fenómenos adictivos, que si bien tienen en las sustancias un punto importante de referencia, ya sea con sustancias lícitas o ilícitas, lo que revelan en todo caso es un fenómeno de desequilibrio en las personas que las hace asirse a un “sostén” artificial en el intento de mantener el equilibrio, aunque en ocasiones en realidad se trate de un tobogán por el cual se desciende más rápido y con efectos fatales.

En torno a las adicciones se han realizado numerosas investigaciones para determinar cuál o cuáles son las causas de las mismas. Hoy, explica la doctora Helen Castro, existe consenso de que se cae en dicha dependencia como consecuencia de “factores de riesgo acumulados”. Es un conjunto de condiciones psicosociales lo que desata el fenómeno. También es un conjunto de factores de protección lo que ayuda a las personas a salir adelante frente a dicho riesgo.

Los especialistas coinciden en señalar a la familia como un factor social de primer nivel. Lo curioso es que se le señala lo mismo como factor de protección que como factor de riesgo. Es en el seno familiar donde se gestan un conjunto de relaciones personales que afectan al desarrollo de la persona. Las familias funcionales son factor de protección; las disfuncionales, lo son de riesgo. Esto incide a propósito de la facilidad con que hoy se habla de “muchos modelos de familia”. Podría aceptarse la amplitud señalada, si es que en todos los casos puede hablarse de familia, pero no pueden tratarse todos estos “modelos” de la misma manera, aunque convivan en la sociedad moderna.

Como se afirma comúnmente, los extremos en la familia son malos. El justo medio es lo que va dotando a las personas de formas de relación donde la personalidad se desarrolla de manera armónica a partir de la relación diferenciada y adecuada con el padre y la madre, con los hermanos y hasta con los miembros de la llamada familia extensa.

Los hijos reclaman de la guía clara y firme de los padres, de acuerdo con su edad. El principio de autoridad, encarnado en los padres y ejercido armónicamente por ambos, es fundamental. Tal malo es un modelo educativo autoritario, rígido e inflexible, como uno permisivo, carente de normas y límites claros. Una familia estable y armónica es un factor de protección. Sin embargo, protección no es proteccionismo. La familia es el ejemplo típico de la solidaridad y la subsidiariedad, en un ejercicio prudencial de la autoridad, que educa para la libertad, a través del reconocimiento de derechos, pero acompañados de sus consecuentes deberes y responsabilidades.

Los desequilibrios, las confrontaciones y la violencia intrafamiliar, son factor de riesgo. Los reproches, las tensiones, la falta de afecto y la pérdida de cohesión generan inseguridad, incertidumbre y desconfianza en sí mismos por cada uno de los miembros. Todos buscamos ser aceptados, apreciados y reconocidos en lo que somos y valemos. La familia es el núcleo natural donde la persona vale por lo que es y como es, y no por lo que sabe o lo que tiene. Cuando esos principios se violan, se busca la aceptación y pertenencia en otro sitio, no siempre el mejor.

El gran tema, y que da para mucho, es la comunicación, no como expresión verbal, sino como la capacidad de empatía, de saber estar en el lugar del otro y escuchar y ver desde su punto de vista, para tener evocaciones en común. Se dice fácil, pero la buena comunicación es la gran ausente, sobre todo cuando otros, particularmente los medios, acaparan la atención y aíslan a los miembros de la familia. Ocurre todos los días.

Finalmente, si en la familia hay adicciones, aunque sean de las legal y socialmente toleradas, aparece un nuevo factor de riesgo. La suma de los riesgos, frente a los de protección marca el tipo de familia que tenemos para ser capaces de hacer frente al peligro creciente de las adicciones.

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