LAS FAMILIAS NUMEROSAS HEREDARáN LA TIERRA

Autor: ---- Fuente: Análisis Digital

familiacp  Sólo un tercio de las francesas nacidas a principios de los años 60 tiene tres o más hijos. “Pero esta minoría de mujeres (la mayoría, presumiblemente católicas o musulmanas practicantes) ha producido más de la mitad de los niños nacidos en la siguiente generación”. El demógrafo Phlillip Longman escribe en la última edición de la revista Foreign Policy acerca de “El regreso del patriarcado”. Las bajas tasas de natalidad, según su tesis, no llevarán a las sociedades humanas a su extinción. Ocurrirá, simplemente, que “los conservadores heredarán la tierra”

“El altamente expandido segmento de hogares sin hijos en la sociedad contemporánea, cuyos miembros proceden desproporcionadamente de los movimientos feminista y contracultural, no dejará ningún legado genético. Ni tampoco se podrá comparar su influencia emocional o psicológica en la próxima generación con la de los padres de los niños”.

Si uno contempla el ejemplo de los Estados Unidos, casi el 20% de las mujeres nacidas a finales de los años 50 no han tenido hijos. Y el 17,4% de las niñas del baby boom sólo han tenido uno, lo cual supone que sus hijos suponen sólo un 7,8% de la siguiente generación. Por el contrario, aquel escaso 11% de mujeres que tuvo cuatro o más hijos ha aportado uno de cada cuatro miembros a la siguiente generación. “Estas circunstancias están conduciendo a la emergencia de una nueva sociedad, cuyos miembros descenderán desproporcionadamente de los padres que rechazaron las tendencias sociales que convirtieron en norma los hogares pequeños o sin hijos”. Habrá, por supuesto, consecuencias políticas. “En los Estados que votaron por George W. Bush en 2004, las tasas de fertilidad son un 12% más altas que en los Estados que votaron por el senador John Kerry”.

Phlillip Longman, que se sitúa personalmente en las antípodas ideológicas del conservadurismo tradicionalista, recurre a argumentos darvinistas para explicar las ventajas evolutivas de esos valores familiares y conservadores. Recurre así a varios ejemplos históricos comparables con la situación actual, como la derrota de Grecia frente a Roma (achacada por Polibio a la pérdida de los valores tradicionales y la caída de la natalidad entre los griegos), o a la decadencia moral y la disminución de la fertilidad en el Imperio de Occidente, que condujo al surgimiento de una nueva sociedad en Europa. “Tal como ha ocurrido muchas veces en la historia, se produce una transformación cuando los elementos libertarios y secularistas de la sociedad no se reproducen. Las personas que se adhieren a valores más tradicionales y patriarcales heredan la sociedad por eliminación”.

El caso de Europa, donde la natalidad es aún más baja que en los Estados Unidos y ciertas corrientes de pensamiento “liberales” gozan de una hegemonía incuestionable, es uno de los más claros. En Francia, menos de un tercio de las mujeres nacidas a finales de los años 60 tiene tres o más hijos. “Pero esta minoría de mujeres (la mayoría, presumiblemente católicas o musulmanas practicantes) ha producido más de la mitad de los niños nacidos en la siguiente generación”.

Un estudio de los demógrafos Ronny Lesthaeghe y Johan Surkyn establece una relación entre la natalidad y preguntas del tipo: “¿Desconfía del Ejército?; ¿considera aceptables las drogas blandas, la homosexualidad y la eutanasia?” El resultado es que, “por el motivo que sea, las personas que responden afirmativamente a estas cuestiones tienen muchas más probabilidades de vivir solas o en uniones de hecho sin niños”. En cambio, les sucede todo lo contrario a quienes asisten regularmente a la iglesia y responden negativamente a esas preguntas.

Las lamentaciones suelen llegar demasiado tarde. “Muchas personas de mediana edad sin hijos rechazan hoy los estilos de vida que conducen a la extinción de sus líneas familiares, pero no tienen hijos con quienes compartir su recientemente adquirida sabiduría. La pluralidad de ciudadanos que tienen sólo un hijo pueden invertir mucho en su educación, pero un solo hijo reemplazará sólo a uno de los padres, no a los dos. Mientras tanto, los descendientes de los padres que tienen tres o más hijos estarán altamente sobrerrepresentados en la siguiente generación, y así los valores e ideas que condujeron a sus padres a tener familias numerosas”.

¿Y qué ocurrirá si los hijos se vuelven contra los padres? Phlillip Longman cree poco probable que se repita la historia del 68. “La diferencia esencial es que, en la era posterior a la segunda guerra mundial, casi todos los segmentos de las sociedades modernas se casaban y tenían hijos. Algunos podían tener más que otros, pero la disparidad en el tamaño de la familia entre los secularistas y los padres con valores religiosos no era tan grande, y los matrimonios sin hijos eran una excepción. En cambio, los adultos del mañana “serán en su mayor parte descendientes de ese relativamente pequeño segmento de la sociedad culturalmente conservador”. Si alguno decide rebelarse, no tendrá fácil encontrar a personas que hagan con él causa común, porque esos niños, los de familias liberales, “literalmente no nacieron nunca”.

Asistimos, a juicio de Longman, a un renacer del patriarcado, “que no significa simplemente el dominio de los hombres” ni debe ser asociado con “tiranías machistas” como las de “los rebeldes talibanes o los musulmanes fanáticos de Nigeria”. El elemento diferencial es que el hombre se convierte en referente a la hora de fijar la línea genealógica, y que, por tanto, su implicación en la familia y en la educación de los niños es mayor, ya que de ello depende su honor. Esta ideología conduce también a que se otorgue mayor consideración al matrimonio estable y a la función reproductora de la mujer, con una merma, salvo excepciones, de su participación en la vida económica y social. El reverso de la moneda es que estas mujeres conceden mucha más atención a sus hijos.

El patriarcado es “un régimen cultural que logra mantener altas las tasas de natalidad y maximiza las inversiones de los padres en sus hijos. Ninguna sociedad avanzada ha aprendido hasta ahora a perdurar sin él”, afirma Longman.

El principal reto que debe afrontar hoy el patriarcado es “el auge del capitalismo, que se beneficia de la diversificación del trabajo femenino entre la casa y el lugar del trabajo. Pero si sistema patriarcal logra sucumbir a esos peligros, producirá una mayor cantidad de niños, y además niños de mejor calidad, que otras sociedades organizadas por otros principios. Y eso es de lo que trata la evolución”.

Otro elemento explica por qué “las sociedades avanzadas se están volviendo más patriarcales, les guste o no”. Se trata de la crisis del Estado del Bienestar, “provocada por el envejecimiento y decline de la población”, que concederá a las familias numerosas “una ventaja adicional para la supervivencia, y causará por ello una mayor fertilidad. A medida que los gobiernos devuelven funciones que arrebataron a la familia, principalmente el sostenimiento de los mayores, la gente se dará cuenta de que necesita más hijos para asegurar su vejez, y tratarán de establecer vínculos con ellos estableciendo valores tradicionales religiosos del tipo de ‘honrarás a tu padre y a tu madre’”.

Son precisamente las sociedades “más seculares y más generosas con su Estado Social” las que vivirán “resurgimientos religiosos más pronunciados y el renacimiento de la familia patriarcal. La población de Europa y Japón descenderá dramáticamente en términos absolutos, pero la que quede se adaptará, por un proceso similar al de la supervivencia de los más capaces, a un nuevo entorno en el que nadie podrá confiar en que el Gobierno reemplace a la familia y en el que un Dios patriarcal ordenará a los miembros de la familia que supriman su individualismo y se sometan al padre”.

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?IDNodo=-3&Id=10337
 
 
 
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