ANTE EL DISCURSO POLíTICO

Autor: Norma Mendoza Alexandry Fuente: Yo Influyo

El discurso es solamente eso: discurso, expresión, palabras. Entonces, ¿por qué causa tanta confusión en algunas mujeres y hombres el discurso que no se basa en la verdad y es solamente demagogia? ¿por qué buscar solamente la confrontación y la propuesta de nuevas ideas sin ton ni son, creando ideas erróneas? Claro que mujeres dedicadas a la política, y también muchos hombres pueden idear flamantes propuestas que convenzan a los neófitos, inexpertos y superficiales para crear notoriedad. Con la generalización del conformismo, la propagación del pesimismo cultural y la difusión de la versátil ética mínima, se anuncia un oscurecimiento del valor. Habría que preguntar a quien porta la bandera del ‘bien’ si conoce la definición de tan importante valor, más bien parece que la luz del bien hubiese perdido su antiguo resplandor cuando se transforma en palabras petulantes y de vanagloria por el poder. Evocar los valores sólo sirve, al parecer, para romper el consenso social. Hablar de ellos significa enredarse en insustanciales juegos de palabras. Quien los invoca deja traslucir su oculto carácter dogmático.

Mujer política o ¿política feminista? La mujer no sólo ha influido en este ámbito, sino que ha adquirido peso y poder pocas veces alcanzado hasta ahora ¡hasta tenemos una candidata a la silla presidencial! Ésta sin embargo enarbola un discurso rudimentario, insustancial, mujer que equivoca su papel y se deja invadir por la cultura de la muerte; el aparente liderazgo femenino entonces, cae en un pobre nihilismo moral como base de la propuesta democrática. ¿Es la liberación lo que llevará a las mujeres a su felicidad y realización? ¿Es la mujer sola, desprovista del entorno familiar, sin rumbo fijo, sin bases suficientes para reconocer la igualdad esencial entre el hombre y la mujer desde el punto de vista de su humanidad lo que ayudará a que nuestra sociedad progrese?. Hombre y mujer desde el comienzo son personas, a diferencia de los demás seres vivientes del mundo que los circunda; la mujer es otro ‘yo’ en la humanidad común. ¿Mujer liberada? Si desde el principio hombre y mujer aparecen como unidad de los dos y esto significa la superación de la soledad original. Es un insulto y no una propuesta olvidar lo que es característico de la mujer, lo que es femenino, su dignidad y su vocación. Los derechos que se proclaman en discursos políticos se opacan ante la verdad; jamás podrá equipararse la liberación y la homosexualidad con la institución universal del matrimonio, el amor conyugal y el cuidado de los hijos. El matrimonio y la familia están arraigados en el núcleo más íntimo de la verdad sobre el hombre, la mujer y su destino.

Se trata de equiparar el discurso político con equivalencia a no creer en nada, ni en la verdad, ni en el bien ni en la justicia; democracia que se invoca para alejarse de la moral, en donde su único sostén son los procedimientos. Si se habla del ‘bien’, no olvidemos que existe una verdadera obligación del individuo respecto al bien común y esta obligación se refiere al hombre y la mujer íntegros. Otra faceta del bien hace resaltar que toda virtud del individuo es necesaria para el bienestar de todos, significando esto que el bienestar común necesita virtud de los individuos aislados y no olvidemos que la realización del bien exige un conocimiento de la verdad. No conviene pasar por alto esta cuestión. Será menester saber si se entiende el bien como un valor, aún más, será conveniente saber de qué realidad se trata. Es difícil no estremecerse ante el discurso que convierte el principio mayoritario en fuente de la verdad y el bien; transformarlo en fuente de moralidad significaría concederle prerrogativas que no tiene y dejar expedito el camino a la arbitrariedad y el atropello.

El discurso y las ofertas deberían partir del valor en general, de lo bueno que es un horizonte de incondicionalidad, sin embargo como dice José Luis del Barco(1) “los promotores de la democracia vacía entienden la ética de una manera peculiar, propugnan una libertad vacía, sin fines estructurales”. En el enfrentamiento con los límites de la democracia, el clamor por la libertad total adquiere mayor vigor ¿será que la ley y el orden que se deriva de ésta se consideran la antítesis de la libertad? La tendencia anarquista del anhelo de libertad está adquiriendo fuerza porque las formas ordenadas de la libertad pública son insatisfactorias.

En aras de la democracia, de la libertad sin orden y del derecho a la igualdad se ataca a la familia. Una familia que no cumple con su misión socializadora es el gran paso para obtener una generación sin raíces, educada en el liberalismo relativista, que algunos pretenden confundir con ‘democracia’. Si la capacidad crítica de los habitantes de un país es manejada por el uso masivo de la mentira, se van introduciendo una serie de palabras y expresiones compuestas indefinidas que esconden su verdadero significado; tenemos así que la “maternidad voluntaria” implica la educación sexual vacía de principios éticos y el acceso al aborto voluntario; esto solamente produce descomposición social. Como ejemplo tenemos que en la Unión Europea en el mes de Mayo, se presenta un informe calificado de “alarmante” que señala que en tan sólo 15 años (1990-2004) se han roto más de 10 millones de matrimonios y que esto ha afectado a más de 16 millones de niños(2).

Cuidado con el discurso político, hemos de profundizar en su contenido. Recordemos que la identificación de la conciencia con el conocimiento superficial y la reducción del hombre y la mujer a la subjetividad no liberan, sino que esclavizan.

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