LA FAMILIA ANTE LA ULTRAMODERNIDAD

Autor: Luis Sánchez de Movellán de la Riva Fuente: Análisis Digital

La institución familiar está sometida actualmente a una honda transformación de consecuencias impredecibles para la sociedad humana. El fuerte e impetuoso proceso secularizador que azota las sociedades occidentales deja su cruel huella en la familia. Los síntomas que podemos apreciar son de tal evidencia y gravedad que casi podríamos ahorrarnos su mención: las relaciones prematrimoniales, los nuevos roles familiares, el brutal descenso de la nupcialidad y natalidad, el desaforado aumento de los divorcios y los abortos, la proliferación de parejas extravagantes, el aumento de las familias monoparentales o las más posmodernas homoparentales, el progresivo aumento de las madres solteras –por cierto, muchas veces adolescentes inmaduras- o las de alquiler.

Un hecho fácilmente constatable en la sociedad contemporánea es la disminución progresiva del número de integrantes del grupo familiar. De la familia troncal extensa se ha pasado a la nuclear, y aún dentro de ésta existen muchos hogares monoparentales, además de aumentar constantemente el número de las personas que viven solas por decisión personal (singles). Por otra parte, los índices de separaciones y divorcios han experimentado una elevación progresivamente geométrica, y la pretensión de determinados colectivos o lobbys, como los movimientos radicales de inspiración soixante-huitard, especialmente los de gays y lesbianas, de atribuir a cualquier forma de unión atípica el nombre, el valor social y la legitimación legal de la familia, es otro de los ataques perversamente calculados a la línea de flotación de la familia tradicional.

Los profetas de la deconstrucción familiar sugieren que el ciclo vital está lleno de opciones excitantes que incluyen vivir en una comuna sexual, formar un matrimonio de grupo (poliamoria) o matrimonio de commuters, ser padre o madre sin formar una pareja, formar una pareja de hecho heterosexual u homosexual, constituir una pareja “abierta”, permitir las formaciones familiares poligámicas o poliándricas, o la opción clásica del matrimonio tradicional.

La familia está fuertemente influida por los mass media, potentísimo instrumento en el cambio axiológico de las propias familias. Entre tales medios hemos de destacar por sus características específicas y por su enorme capacidad de influencia el cine, la televisión e Internet. No hemos de desdeñar como importante agente de cambio de la familia la llamada “prensa rosa o del cuore”. Sus manifestaciones, sus mensajes directos o subliminales, sus lenguajes sobre el matrimonio y la familia son perversos, maléficos, denigrantes y corrosivos.

Hemos de ser conscientes de que vivimos, por múltiples razones, en unos tiempos en que la familia como estructura y como conjunto axiológico es objeto de cambios y contiendas, demostrándose, así, hasta qué punto es un campo de alta sensibilidad social y de experimentación socio-colectiva. Podríamos suscribir las palabras del sociólogo estadounidense Daniel Bell, quien sostiene que “si hay en la actualidad un gran movimiento que afecta a la civilización, es el profundo cambio en el carácter de la familia y en la relación entre hombres y mujeres en ésta”.

En la actualidad –y parece ser que también para el futuro próximo- coexisten diversos modelos familiares, porque se ha generado un contexto nuevo sobre valores nuevos: el individualismo liberalista, la devaluación de las instituciones y una nueva visión de la mujer y de su papel en la familia y en la sociedad. Estos nuevos modelos familiares han existido siempre o casi siempre de forma más o menos clandestina, si bien no en todas las sociedades. Lo nuevo es su “salida del armario”, su presencia pública, su visibilización, la creciente tolerancia y aceptación de una sociedad “blanda” hacia ellos, la legitimación que algunos científicos sociales de ellos hacen, y sobre todo, su presión creciente para ser considerados -en España, por cierto, ya lo son-,algunos de ellos parejas matrimoniales o familias de pleno derecho.

A los problemas planteados por las formas o modelos alternativos de familia, los cambios en la concepción del matrimonio, el debilitamiento y casi desaparición del rol de padre y la cultura del divorcio –¡ahora ya hasta Express! - hay que añadir la irrupción de la biotecnología en el ámbito de la reproducción humana y el fenómeno inédito de las “madres de alquiler”. Al irrumpir estas técnicas y prácticas en un terreno ya muy castigado e inestable por los cambios mencionados, la transformación sufrida por la ancestral y venerable institución de la familia puede convertirse en una auténtica revolución social, puede poner en peligro incluso el parentesco y, desde luego, desquiciar a la familia tal como hoy la conocemos y entendemos.

El mundo de hoy se encuentra ante una auténtica crisis de la conciencia moral que le hace especialmente vulnerable, por lo que -como dice Gadamer- “tenemos que volver a empezar por la familia...ya que la sociedad industrial ha debilitado en todas las clases sociales los vínculos de la familia tradicional...”, y además –como escribe el sociólogo Lamo de Espinosa- “una sociedad de individuos o de hogares no-familiares es claramente peor que una sociedad de familias. Pero no ‘peor’ moralmente, sino en términos de estabilidad política, social, económica y psicológica”.

 
 
 
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