MATRIMONIO Y DIVORCIO EXPRESS

Autor: Maru Cárdenas Fuente: ORMAL (Observatorio Regional para la Mujer de América Latina y el Caribe)

Muchos de los cuentos de nuestra niñez terminan con la frase “se casaron y vivieron muy felices”. Señalaban la boda como la estación final de un largo viaje. La realidad es otra, el matrimonio es una estación de partida de algo que puede ser maravilloso, increíble y grandioso, pero lamentablemente en ocasiones no siempre es así. Alguien ha dicho que el amor a primera vista no tiene nada de extraño, y que el verdadero milagro es el amor que dura toda la vida. ¿Será así? ¿Por qué unos matrimonios perseveran y otros no? ¿Por qué la infelicidad en tantos matrimonios? Intervienen muchos factores, las causas son muy variadas. El año 2004, en México, se registraron más de 600 mil matrimonios y alrededor de 67 mil divorcios; en otras palabras, se registraron 11.3 divorcios por cada 100 matrimonios. En España el número de bodas fue de 215 mil y el de di! vorcios ascendió a 52 591, en Chile se celebraron 57 628 matrimonios y tuvieron 8.5 divorcios por cada 100 matrimonios.

Ante el aumento de dificultades en el matrimonio se han tomado diversos caminos. Algunos expertos son partidarios de la medicina preventiva, es decir, fijan su atención en la etapa pre–matrimonial. Afirman que el problema no es el matrimonio sino el concepto que se tiene de él (en ocasiones muy ajeno a la realidad), la poca seriedad con la que se asume el compromiso o la distorsión de elementos claves, v.gr, cimentar la relación en espejismos del amor. Para otras personas la mejor manera de acabar con los problemas es terminar con el matrimonio, (sin reparar que el origen de las dificultades no se encuentra en la institución sino en las personas que la viven). Así, una pretendida solución cada vez más frecuente es el divorcio, disolver el vínculo conyugal. Hoy se da un paso más en esta vertiente, acelerando este proceso, convirtiéndolo en “express”.

Suecia y España han introducido el divorcio express en el derecho familiar como una medida que pretende aumentar la libertad de los interesados, ya que le quita compromiso al matrimonio y, según declaran, disminuye los costos económicos y psicológicos de los involucrados. Antes de importar la medida a territorio latinoamericano conviene responder varias preguntas: ¿En qué consiste exactamente el divorcio express? ¿Qué implicaciones personales, familiares y sociales tiene? ¿Qué resultados ha dado en los países que lo han instrumentado? ¿Hay otras opciones? Cabe recordar que no todo cambio, por el hecho de serlo, es positivo y conviene analizar la experiencia ajena antes de entrar al vértigo de la novedad.

Como señala Juan Messenger Velasco, el divorcio express en España consiste básicamente en eliminar la separación como trámite anterior al divorcio, suprime las causas justificatorias de divorcio (basta la opción autónoma del sujeto) e introduce la posibilidad de divorciarse por petición unilateral. Para entender esta figura con profundidad es necesario asimismo entender con qué termina, es decir, qué disuelve, por lo que hay que profundizar en qué es el matrimonio.

El matrimonio consiste en el vínculo por el que los esposos (hombre y mujer) se unen libremente en el estado de vida que éste genera y que significa una entrega mutua total. La posibilidad o el hecho mismo de tener relaciones sexuales y procrear hijos no hace que un hombre y una mujer se conviertan automáticamente en matrimonio. Por eso han existido desde siempre los amantes y los hijos fuera del matrimonio. Ni siquiera el amor real y apasionado entre un hombre y una mujer es causa suficiente para que se consideren casados.

¿Qué es entonces lo que hace al matrimonio? La complementariedad sexual, la posibilidad de tener hijos y el amor son condiciones para que pueda darse el matrimonio, pero hasta que las personas no “se casan” no se les considera esposos. Nadie considera que dos personas sean marido y mujer sólo por el hecho de irse a vivir juntas. Tiene que haber “casamiento”, contrato. ¿Qué significa esto? Que el vínculo que libremente establecen el hombre y la mujer es lo que los constituye en esposos. Se trata de un vínculo público, por el que se comprometen a la entrega mutua.

El matrimonio es anterior a la sociedad y al Estado, y éstos deben protegerlo en sus características esenciales propias, sin pretender definirlo o conformarlo. El motivo por el cual el Estado se interesa en el matrimonio radica en consecuencias sociales del más alto interés para la comunidad: la sucesión generacional, la transmisión de la cultura y el desarrollo. El matrimonio es el origen de la sociedad y por eso a la sociedad le interesa protegerlo. El divorcio, dicen que es la propuesta de solución a los problemas matrimoniales, pero antes de aceptarlo categóricamente y sin reservas es necesario revisar la evidencia que se tiene después de años de experimentarlo.

Diversas investigaciones han arrojado que el legado del divorcio, lejos de ser positivo, ha resultado contraproducente. Carlos Martínez de Aguirre, catedrático de derecho civil en la Universidad de Zaragoza señala que así como es socialmente bueno que los matrimonios duren, no es indiferente, sino negativo, que se rompan, y facilitar dicha ruptura tampoco es indiferente. Judith Wallerstein ha señalado datos interesantes: los casados una sola vez tiene mayor esperanza de vida que los divorciados, los primeros presentan menor tasa de incidencia de enfermedades, suicidios y depresión.

Las consecuencias en los hijos no son muy halagadoras. El divorcio, señala la investigadora, es una experiencia acumulativa para el niño. El sufrimiento no termina con la firma que disuelve el compromiso entre sus padres, sino que presenta varias facetas en las distintas etapas de su vida, acarreando consecuencias inclusive en la edad adulta al relacionarse con su pareja. Hijos de padres divorciados tienen una probabilidad dos veces más alta de divorciarse en sus propios matrimonios que los hijos de matrimonios que perseveraron (1). La experiencia aumenta el riesgo de mayor fracaso escolar: comparados a hijos de madres viudas, los hijos de padres divorciados o madres nunca casados tienen una probabilidad más alta de no terminar sus estudios secundarios y universitarios (2). Otra consecuencia frecuente es una mayor inestabilidad emocional que se traduce que otros problemas. Un estudio del año 2002 muestra que, comparados con hijos de padres ! casados, los hijos de padres divorciados y madres solteras son más propensos a problemas de comportamiento, como la agresión y faltas de respeto (3). Un estudio de 1999 descubrió un índice más alto de depresión y delincuencia entre niños de padres divorciados (4).

Ahora bien, el divorcio express contiene una nueva característica: la facilidad con la que disuelve el vínculo matrimonial cambia no sólo la manera de salir del matrimonio sino también la manera de entrar en él. Las razones son evidentes, pues debilita al matrimonio convirtiéndolo en casi desechable, un menor compromiso equivale a menor importancia que se traduce en un acto de menor trascendencia. A mayor disolubilidad, menor estabilidad jurídica. Es curioso comprobar, de acuerdo a esta iniciativa, que a pesar de que se necesita el consentimiento de ambos para entrar, basta la voluntad unilateral para salir. Esta facilidad de rompimiento disminuye la reflexión previa al contrato, al cual será cada vez más difícil llamarlo compromiso. Por otro lado esta figura permite el incremento de fraudes matrimoniales por casos de inmigración y seguros médicos, entre otros. Es un hecho que con estas medidas el matrimonio legal se acerca progresivamente a las uniones de hecho, al menos desde el punto de vista legal y práctico.

¿El divorcio express en España realmente ha ayudado a sus ciudadanos? Un artículo del 3 de junio de 2005 publicado en el periódico La Razón revelaba que un informe publicado por el Instituto de Política Familiar mostraba un 60% de aumento en las separaciones y divorcios en los últimos 8 años, con un total de 134.931 en el año 2004. Los divorcios han aumentado en un 76% a partir del divorcio express. Anteriormente no todos los que se separaban se divorciaban, v.gr. en el mismo 2004 España registró un total de 82 340 separaciones y 52 591 divorcios.

¿Cómo afrontan los legisladores los problemas de salud de los latinoamericanos? Ante las principales causas de muerte se ha optado por implementar profundos y serios programas de medicina preventiva: información completa, identificación de los factores de riesgo, detección oportuna y tratamientos “vacuna”, entre otras medidas. No sería razonable que ante un paciente con cáncer se opte por eliminarlo “para acabar con el problema de raíz, evitar el sufrimiento y los gastos económicos”, antes se intentará tratarlo con todos los medios posibles al alcance. En ocasiones el resultado será exitoso, en otras, no lo será, pero el valor de la vida del paciente vale tanto que merece todo esfuerzo posible. Traslandándose al matrimonio cada país se enfrenta a un dilema similar. Puede instrumentar políticas públicas que respeten y fortalezcan la institución matrimonial o deshacerse de las dificultades eliminando el vínculo sin el menor esfuerzo por salvarlo. El divorcio express no investiga, no propone, dispone. Cada gobierno deberá decidir si optar por la “eutanasia conyugal” o por la renovación matrimonial, tender puentes o bombardearlos.

(1) Paul R. Amato and Danelle D. DeBoer, "The Transmission of Marital Instability Across Generations: Relationship Skills or Commitment to Marriage?" Journal of Marriage and Family 63 (November 2001): 1038-1051.
(2) Timothy J. Biblarz and Greg Gottainer, "Family Structure and Children”s Success: A Comparison of Widowed and Divorced Single-Mother Families," Journal of Marriage and the Family 62 (May 2000): 533-548.
(3) Jeanne M. Hilton and Stephan Desrochers, "Children”s Behavior Problems in Single-Parent and Married-Parent Families: Development of a Predictive Model," Journal of Divorce and Remarriage 37 (2002): 13-36.
(4) Ronald L. Simons et al., "Explaining the Higher Incidence of Adjustment Problems Among Children of Divorce Compared with Those in Two-Parent Families," Journal of Marriage and the Family 61 (November 1999): 1020-1033.


 
 
 
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