MENSAJE DE LA SEñORA MARTA DE FOX DURANTE LA INAUGURACIóN DEL III CONGRESO INTERNACIONAL "MUJER, FAMILIA Y MISIóN"
Organizado por el Centra fe Formación Integral de la Mujer, A. C., celebrado en el Museo MARCO
Autor: Haz Política Fuente: Marta Sahagún de Fox

A pesar de las transformaciones aceleradas que el mundo experimenta, afortunadamente la familia sigue ocupando el rol central de nuestras sociedades.
La sorprendente capacidad de adaptación y flexibilidad de la familia para seguir cumpliendo sus funciones básicas nos obliga a protegerla, a preservarla, a fortalecerla y amarla.

Buenas tardes.

Señora Cristina Maiz de González,
Esposa del Gobernador de Nuevo León.

Lic. Lucía Legorreta de Cervantes,
Directora Nacional del Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer.

Sra. Roberta Martínez de Fernández,
Presidenta de CEFIM Monterrey

Distinguidos invitados

Amigas y amigos:

Alrededor de la familia muchas cosas han cambiado.
No cabe duda que en las últimas décadas hemos sido capaces de adecuarnos al entorno que nos ha impuesto el mundo globalizado, pero también es evidente que ha sufrido serios reveses a los que ninguno hemos sido ajenos.
Aún cuando la familia ha tenido que navegar contra corriente, tenemos que reconocer que su solidez la ha mantenido a flote porque es una institución dotada de fuerzas excepcionales.
La familia es la institución más fuerte porque ha sobrevivido guerras, revoluciones, crisis económicas y/o políticas, además de desastres naturales.
En la familia se aprende lo que es ser humano, se aprende a amar y a compartir, a enfrentar dolor, a superar los obstáculos, a desarrollar las capacidades y a convivir en comunidad.
En la familia las personas recibimos, pero también aprendemos a dar. En la familia somos amados pero también podemos aprender a amar.
La familia es la primera escuela de la vida.
Apuntalarla, defenderla y fortalecerla es una inversión a futuro para nuestro país.
La grandeza de México la constituyen las familias mexicanas, sus hombres, sus mujeres, sus jóvenes, sus niños, todos y cada unos de estos miembros constituyen una parte indispensable para el crecimiento de la nación.
Para mantenerse sólida, la familia ha tenido que adaptarse en forma constante y resistir los embates con la energía que emana del sentido de unidad, comprensión, compasión, -- entendida ésta como la fuerza trasformadora capaz de evitar el sufrimiento -- y, fundamentalmente, de los principios y valores de sus integrantes.
Una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: compartir, confianza, comunidad y libertad.
Una fuerza de espíritu universal, es la que mantiene a la familia en pie. Esa fuerza mayor es el amor. El amor entendido en su expresión más sublime, más sincera, más solidaria, más equitativa, más respetuosa.
Sin embargo, la familia ha recibido fuertes heridas. Se trata de las heridas provocadas por la pobreza, la inseguridad, la violencia y la inquietud, dañando principalmente a las mujeres y los niños.
La fuerza corrosiva de estos males le ha ocasionado daños severos a la familia. Destaco dos: la disfunción y la desintegración. Una y otra han traído como consecuencia que la familia tenga un nuevo rostro.
Se trata de un rostro multifacético y complejo. De un rostro que al tiempo le exige justicia nos ofrece la oportunidad de hacer un balance de lo que hemos hecho bien y mal y de unirnos más con la sociedad, de evitar la simulación, de enfrentar los problemas con responsabilidad y amor.
Lo que hoy puede ofrecer la familia a sus integrantes en materia económica, educativa, cultural o social ha cambiado. Como también ha cambiado lo que los integrantes esperan de la familia. En los tiempo actuales a habido un severo impacto a la familia nuclear dominada por la figura paternal.
Hoy las mujeres asumimos varios roles, pero ninguno de ellos puede borrar el principal, nuestra naturaleza de madre.
Las reglas de la sociedad cambian y parece ser que es para mejorar. De nosotras depende en gran parte en que nuestra inclusión, justa y necesaria en diferentes sectores de la sociedad, impacte de manera positiva al bienestar de la familia, en un ambiente de libertad con responsabilidad.
Debemos seguir impulsando la participación de la sociedad civil organizada y mejorar los programas, procesos y normas de las instituciones públicas con el fin de encauzar en términos de equidad y justicia estos cambios.
Así lo ha comprendido el Presidente Vicente Fox desde el inicio de su gobierno y así se ha visto reflejado en las políticas sociales de las instituciones.
Sólo así, trabajando unidos y en corresponsabilidad lograremos asegurar el rumbo que iniciamos en los albores del siglo veintiuno.
Ante esta circunstancia, el trabajo en favor de la familia es más que una necesidad ineludible. Debe ser un compromiso de tiempo completo porque en ello nos va a la vida misma.
Alentar un cambio sólo a través de los hombres, deja sin tocar grandes aspectos de la vida comunitaria. Si las mujeres no están involucradas y comprometidas, cualquier esfuerzo por el desarrollo es limitado.
Trabajar por la familia es trabajar por nuestro futuro, por el de los seres que más queremos, por el de las personas que sufren porque poco o nada tienen, por el de nuestros hijos y también, para muchos que gozan de la dicha que yo tengo, por el de nuestros nietos.
Trabajar por la familia es trabajar por el país. Jamás podríamos darnos por satisfechos si el cambio político y económico no se ve reflejado dentro de la estructura familiar.
Trabajar por la familia es también trabajar por la democracia. A nadie debe llamar la atención que la democracia que todos queremos no está sólo fuera de nuestras casas, en los espacios públicos e institucionales.
Saber comunicarnos, escuchar, dialogar, conceder, acordar, son la base de una buena relación.
Por todo esto es imperativo proteger a la familia. Porque el cambio empieza en la primera persona del singular. Porque la familia debe seguir inexorablemente en su proceso constante de transformación.
Y porque protegiendo a la familia, tenemos mayores posibilidades de garantizar que México sea un país mejor.

Amigas y amigos:
Afortunadamente la familia sigue siendo el puente principal entre el individuo y la sociedad. Sigue siendo la célula básica de la sociedad.
Es un hecho que las mujeres seguimos representando un papel de protección y de cohesión familiar, tal vez por nuestra enorme capacidad de amar, tal vez por nuestra capacidad probada de unir lazos y corazones, tal vez por nuestra capacidad de compartir, de perdonar, de dar, de darnos, buscando siempre el bien y la felicidad de los nuestros.
En este punto está nuestra misión principal: en la búsqueda permanente de la unidad, en la educación a través de los valores más apreciados por la humanidad, en la incorporación de todos los integrantes de la familia en torno a una sola causa.
Nadie puede quedar fuera, mucho menos excluido o marginado. Se trata de que juntos, niños, adolescentes, jóvenes, adultos o adultos mayores tengamos un rol bien definido y en donde la solidaridad, el cariño, el trabajo, y el respeto sean una constante.
Asumamos con optimismo nuestra misión, dar a la vida es mucho más que tener un hijo, es la maravillosa oportunidad de sembrar en el corazón la bondad y el amor, el enseñar a vivir en libertad.
Sigamos construyendo, con acciones como la que llevarán a cabo en este Tercer Congreso Internacional, el destino que siempre hemos soñado.
Hagámoslo pensando siempre en forma positiva y con una sonrisa, porque la tranquilidad y la felicidad son el mejor aliento de la esperanza, y una sonrisa es siempre, el mejor reflejo del alma.
El amor en la familia es una semilla del amor a la patria.

Muchas gracias.
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