KOFI ANNAN: EL MUNDO EN SUS MANOS
Carta del Director
Autor: Eulogio López Fuente: Hispanidad

Cuando un poderoso habla de la necesidad de reformas, no lo duden, está buscando una manera de aumentar su propio poder, su propia área de influencia o su propia cuenta corriente. A veces, incluso, las tres cosas a la vez.

El secretario general de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, no deja de hablar de la necesidad de reformar esta organización internacional tras el fiasco de la guerra de Iraq: ¡Qué peligro!

Hay dos tipos de reforma: las que buscan recuperar el sentido fundacional de la institución, y las que buscan solucionar el desastre provocado por la fidelidad a esos principios con mayor infidelidad a los susodichos principios. Annan ha optado por la segunda.

Dice don Kofi que pretende democratizar la ONU. Para ello, países como India, Japón o Brasil deberían sumarse al Consejo de Seguridad como miembros permanentes. Es una forma como otra cualquiera de restar protagonismo a los cincos socios casi fundadores (casi, porque no es el caso de China): Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China. Es una manera de que manden más, es más, de que todos manden, lo cual en principio está muy bien, resulta más pluralista, pero cuanto más atomizado esté el poder de los países miembros, mayor será el poder del secretario general y de la estructura de funcionarios que dirigen Naciones Unidas... que es de lo que se trata.

Pero es que hay más. Annan quiere formar un Comité de Sabios que avancen un paso más en la senda abierta desde hace veinte años, y en la que han colaborado prestigiosos estadistas: por ejemplo, Mijail Gorbachov, con un Carta de la Tierra, un texto que debería ser leído por todos. Es el texto, no de la globalización, sino del universalismo. Todo es universal. Pretende una religión universal, una cosmovisión universal, un mercado universal, un gobierno universal, una moral universal. Los objetivos de la Carta de la Tierra son, en verdad, los mismos objetivos de la reforma de la ONU que pretende Annan, nada que ver con los de su Carta Fundacional.

De hecho, podremos resumir toda esta conspiración en dos objetivos: sincretismo religioso y sincretismo político. El instrumento para lograrlo es la subversión de los derechos del hombre.

Vamos por partes. El sincretismo religioso supone que todas las ideas, todos los dogmas y todos los credos valen lo mismo, es decir, nada. Primera conclusión: la reforma de las Naciones Unidas tiene un claro objetivo, la Iglesia Católica. A nadie se le oculta que toda la civilización cristiana se basa en un principio muy simple: una cosa no puede ser cierta y falsa al mismo tiempo. La Iglesia defienda la verdad. Nada más contrario al Cristianismo que el eclecticismo. Como saben, el eclecticismo, es decir, la macedonia filosófica, es algo muy moderno y progresista. Naturalmente, quien se oponga a esa religión universal (me imagino que consistiría en una mezcla de filantropismo universo, muy en el estilo de algunas ONG, y una especie de relajación o anestesia psíquica, y mucha, mucha solidaridad), estará atentando contra las libertades individuales, incluida la libertad de religión.

En segundo lugar, el sincretismo político. Se trata de superar las tensiones entre países acabando con los países. Eso es como pensar que una fusión entre empresas supone el final de las rencillas internas, cuando la experiencia dice que sólo es el principio de una batalla mayor. Pero la idea del "Gobierno Mundial" resulta muy atractiva para muchos (para todos aquellos que se relajan con la música bacalao, por ejemplo). Un "Gobierno Mundial", naturalmente, tendría que residir en la ONU, y sería dirigido, un poner, por Kofi Annan.

Además, con ello se conseguiría convertir a la ONU, y esto es importantísimo, en el intérprete y tribunal de los derechos del individuo. Naturalmente, el sincretismo político, que tanto predica la muerte de las ideologías, no es más que la vieja y castrante tecnocracia. La equiparación entre políticos y gestores de dinero público, tan querida por tantos líderes políticos de centro derecha y centro izquierda no es más que un ejemplo de esta tendencia.

Y el instrumento para lograr esa religión universal y ese gobierno universal es la subversión de la ley divina y la ley natural, es decir, traducido al lenguaje jurídico positivo, la subversión de los derechos humanos.

No hablo del futuro, sino del presente. Por ejemplo, cuando se discutió el llamado Tratado de Roma, texto fundacional de la Corte Penal Internacional (tan amada por los partidarios del esquema Annan), el lobby internacionalista y progre-feminista intentó introducir el popularísimo concepto de "salud reproductiva". Intentó introducirlo en calidad de un derecho humano inalienable, cuya conculcación debería ser perseguida de oficio por la Corte Penal Internacional. En otras palabras, que en el banquillo del nuevo tribunal universal no sólo se sentarían los genocidas y tiranos sino también, por ejemplo, aquellos gobernantes que prohibieran el aborto o que se negaran a aceptar la equiparación de la homosexualidad a la familia. Los unos podrían ser acusados de atentar contra el derecho a la salud reproductiva y los segundos podrían ser condenados por homofobia. En otras palabras, se pasa del aborto libre al aborto obligatorio. Y si no, te condenará la CPI.

¿Entienden cómo se subvierte un derecho humano, es decir, una buena idea, hasta conseguir no sólo anular un derecho humano (en este caso, el derecho humano a la vida), sino trocando lo blanco en negro, convertir el derecho en esclavitud?

Naturalmente, no quiero que ningún lector de Hispanidad, ni por un momento, llegue a pensar que el "Gobierno Mundial" surgido bajo el paraguas de la ONU tiene algo que ver con la apocalíptica Bestia del Mar, o que el sincretismo religioso que se persigue tiene que ver con la Bestia de la Tierra, servidora de la primera, según la misma fuente, el Apocalipsis, y encargada de subvertir los valores cristianos en beneficio de la primera bestia, también conocida como el Anticristo. Eso sería poco intelectual, y en Hispanidad.com nos morimos por figurar en la nómina de intelectuales orgánicos reconocidos. Es más, para no profundizar en una alegoría que sólo nos traería complicaciones, hemos tenido el detalle de suprimir toda alusión a la Gran Ramera, a pesar del morbo que nos evoca esta singular figura. Así que si seguimos en esta línea, tan desmitificadora, tan progresista, incluso entra dentro de lo imaginable que nos compre Jesús Polanco, que no figura entre los posibles integrantes del futuro "Gobierno Mundial", pero está forrado.
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