¿FELICES FIESTAS?: MENOS FE, MáS CONSUMO, TRISTEZA Y DEPRESIONES

Autor: Joan Miguel Corbí Fuente: e-Cristians.net

regalo  Un estudio realizado por Euro Netresearch revela que la Navidad gusta cada vez menos a un 27 por ciento de los españoles que tienen entre 20 y 50 años de edad y que sólo un 12 por ciento asegura que está cada vez más interesado por este período. Esta estadística puede parecer inicialmente sorprendente si tenemos en cuenta que las fiestas navideñas van, y siempre han ido, ligadas a la alegría. Lo que pasa es que este gozo tiene un motivo: el nacimiento de un niño, de un Salvador, de un Mesías. Dentro del necesario respeto a la libertad que el ser humano tiene de creer o no que Jesús es el hijo de Dios, está claro que, si este acontecimiento se va retirando de la vida pública y queda sustituido por otros elementos externos, se pierde el sentido de estos días y, por lo tanto, fácilmente empieza a crecer la decepción entre los ciudadanos. La pérdida del sentido religioso de la Navidad, que se manifiesta con la reducción de las imágenes a una combinación de “papás Noël”, lucecitas estrambóticas, paisajes nevados, árboles y otros recursos, está dejando estas fiestas sin su referente principal: el Misterio de un nacimiento, que incluye la imagen que todos tenemos del Portal de Belén con Jesús, José y Maria.

Los elementos que la calle nos muestra no son malos. El problema llega cuando se quiere expulsar deliberadamente cualquier referencia a su significado. Por ejemplo, la iluminación de las calles tiene un sentido religioso incuestionable (“en la Noche brillará una gran Luz”, la luz de Cristo), los regalos van asociados a la Epifanía o manifestación de Jesús al mundo (con la adoración de los Magos), las comidas en familia con su dimensión festiva son muy necesarias porque nos ayudan a reencontrarnos con personas que a lo mejor ni vemos el resto del año... Y podríamos referirnos a muchas otras imágenes navideñas. Estas fiestas nos invitan a consumir y, como todo, la satisfacción personal y colectiva depende del uso que se haga de esta posibilidad. Si una persona cae en el consumismo descontrolado, vacío de sentido, es normal que, con el paso de los años, pierda la ilusión y la alegría de vivir la Navidad.

Hemos conocido recientemente casos que destapan la voluntad que tienen algunos responsables políticos de sacar de la vida pública tantos elementos religiosos como les sea posible. La iluminación de muchas vías públicas de Barcelona y la retirada de un Belén en la Puerta de Alcalá de Madrid son dos muestras concretas de ello, pero muy representativas. En la capital de España, por cierto, su nuevo alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, es quien ha decidido quitar un Nacimiento que servía, entre muchas otras cosas, para que muchos ciudadanos y turistas captasen la belleza del misterio navideño en un lugar emblemático para la ciudad. Aunque no se ha explicado oficialmente, fuentes de la prensa madrileña apuntan que algún responsable municipal argumenta que el niño Jesús había sido robado últimamente varias veces. Pero, claro está, con este argumento habría que retirar todo el mobiliario urbano que pueda ser robado fácilmente. Y todavía hay más elementos en este caso. Si un Belén con figuras es objeto de las acciones de algunos ladrones o gamberros, existen alternativas que, además, son más económicas: poner un póster gigante con el Belén dibujado, proyectar una imagen audiovisual... Y la cosa no se acaba aquí. El Belén que tradicionalmente se ponía en la Plaza Mayor, lugar de paso y centro clásico de Madrid, ha sido sustituido por otro en el interior de un local. No se ha retirado, pero seguramente será visto por muchas menos personas.

El Ayuntamiento de Barcelona desea “felices fiestas de invierno”

La pérdida del sentido religioso de la Navidad se está manifestando también en muchas otras situaciones de la vida. Las felicitaciones comerciales y personales aparecen cada vez más reducidas a la frase “Feliz año”, obviando el “Feliz Navidad”, y en muchas cenas o celebraciones cívicas, se felicita evitando cualquier referencia a Jesús. El miércoles 17 de diciembre, en la cena del Ayuntamiento de Barcelona con periodistas con motivo de la Navidad, muchos responsables políticos municipales (liderados por el alcalde Joan Clos) desearon a los asistentes, durante el brindis y en otros momentos, “¡Felices fiestas de invierno!”. Así es, y así lo explicamos. Textual.

Ligado al estudio comentado al principio sobre la falta de satisfacción de la Navidad, hay otro dato. Las agencias de viajes registran un aumento de la demanda entre el 20 y el 23 de diciembre, cuando tradicionalmente los días fuertes siempre empezaban el 26 y vivían el momento más intenso por fin de año. Muchos de los que reconocen que estas fiestas no les satisfacen aseguran que están cansados de tanta fiesta, descontrol y comidas fuertes. En definitiva, se percibe un vacío que va claramente unido a la pérdida del sentido religioso de la Navidad en la vida pública. No se trata de pedir a los políticos que prediquen lo que no creen, si es el caso, sino de reclamar un reconocimiento público de las raíces y del significado profundo de unas fiestas que, si son alegres, es por su dimensión cristiana. Si no son cristianas, son tristes.
http://www.e-cristians.net/listados/marcos.asp?ide=5429&cat=temas&lan=esp
 
 
 
Haz politica es una publicación que promueve la participación política del ciudadano y su intervención en los asuntos públicos que atañen a la familia con su acción, su opinión y su voto.
Derechos reservados www.hazpolitica.org -  Solo: comentarios@hazpolitica.org