AUMENTO DE LAS AGRESIONES Y MUERTES POR VIOLENCIA DOMéSTICA: ¿HASTA CUáNDO?
A pesar de los esfuerzos de las administraciones para proteger a las víctimas, en menos de dos meses han muerto 10 mujeres en España a manos de sus parejas y se disparan las agresiones
Autor: Victor Ruiz Fuente: e-Cristians.net

Violencia Doméstica  La violencia doméstica, aunque está muy extendida, sólo se convierte en noticia cada vez que una mujer es asesinada por su pareja o, en ocasiones, cuando la víctima denuncia a su agresor. Actualmente, esta lacra social está sacudiendo con una frecuencia inusitada los cimientos de lo que se supone es una sociedad racional y moderna. Las propias afectadas, las administraciones responsables de velar por su seguridad y el resto de la sociedad en su conjunto se preguntan porqué se produce el aumento de agresiones y muertes de los últimos meses. En 2003 murieron alrededor de 100 mujeres asesinadas por sus parejas y, en lo que llevamos de 2004, ya son 10 las víctimas. Eso, sin contar con aquellas agresiones in crescendo que, afortunadamente, no acabaron con unas vidas marcadas por la violencia familiar. Se han realizado campañas de sensibilización e información, se han incrementado las medidas de seguridad, las de protección y las judiciales... Y el goteo de muertes no para. La ineficacia policial y de las diferentes campañas parece evidente ante las cifras estadísticas. Sin embargo, no abundan los estudios que profundizan en el porqué, en cuáles son las verdaderas causas que trascienden los estereotipos del sentido de la posesión y el machismo, que evidentemente también son origen del problema. Y, a este respecto, volvemos a insistir en la necesidad de plantearnos qué tipo de sociedad estamos construyendo. Una sociedad trasgresora, individualista, desvinculada de valores como la amistad, la familia, la fidelidad, la tradición y la espiritualidad bien poco podrá hacer para atajar el execrable fenómeno de la violencia doméstica.

En los últimos tres años, las muertes por violencia doméstica han crecido en España más del 50 por ciento y, sólo en 2003, alrededor de 100 mujeres fueron asesinadas por sus parejas. A pesar de la creciente concienciación social ante el problema, a pesar de las reformas legislativas, de las medidas judiciales y policiales, los ciudadanos españoles se preguntan qué es lo que no acaba de funcionar bien en esta sociedad del consumo, del bienestar y de los avances tecnológicos para que no haya forma de erradicar un fenómeno que dista mucho de corresponderse con un sistema de convivencia racional y moderno.

Diversos titulares aparecidos en los medios en febrero de 2004 parecen confirmar que la nuestra no es ni mucho menos una sociedad avanzada en términos de igualdad y respeto hacia las mujeres: "Un hombre de 80 años asesina a su mujer de cinco puñaladas"; "un hombre rocía de gasolina y quema a su compañera en Figueres"; "el cocinero de Hendaya confiesa haber matado a su mujer embarazada y a su hija"; "la mujer asesinada en Palma murió tras recibir 10 pedradas"; "el asesino de Tenerife llamó a la madre antes de matar a la niña"; "la violencia doméstica se recrudece este fin de semana con cinco nuevos casos en sólo dos días". Y la lista de febrero se podría alargar hasta casi el doble para reflejar el total de casos, sin contar el número de agresiones que no produjeron víctimas mortales.

Cifras para unas muertes sin sentido

A los datos de víctimas ya ofrecidos, cabe añadir algunas cifras que ponen de manifiesto la irracionalidad de esas "crónicas de una muerte anunciada" sin sentido, que remiten a la España más oscura y primitiva. En el fin de semana del 6 al 8 de febrero de 2004, hasta 24 casos conocidos de violencia doméstica se sucedieron en tan sólo 72 horas. Una constante serie de agresiones que ya en 2003 provocó 43.000 denuncias por malos tratos. Las mujeres fallecidas a manos de su pareja aumentaron en el año 2003 en más del 50 por ciento con respecto a 2002. Desde que entró en vigor la norma que activa las medidas cautelares penales y civiles contra los maltratadores, en agosto de 2003, los jueces han estudiado un total de 7.869 solicitudes de mujeres maltratadas, de las cuales, hasta el 31 de diciembre del mismo año, 6.004 recibieron protección.

Insuficientes medidas

Sin embargo, las medidas judiciales y policiales y las campañas de información y sensibilización resultan a todas luces limitadas, a tenor de las cifras estadísticas. Es cierto que se está avanzando, pero no lo suficiente. Como afirma Manuel García Calvo, profesor de Filosofía del Derecho en Zaragoza, según una información publicada en el suplemento Campus de EL MUNDO del 17 de febrero, "en la violencia de género se debe ir más allá del sistema penal clásico". Es necesaria una mayor coordinación contra las agresiones; ayudas asistenciales y medidas protectoras efectivas para las víctimas; más recursos económicos para subvencionar estudios que ahonden en las verdaderas causas del fenómeno; un sistema educativo que sensibilice a los más jóvenes sobre la igualdad de sexos y les inculque valores que fomenten el respeto hacia sus semejantes; en definitiva, una labor constante de concienciación dirigida a la sociedad en su conjunto.

Desmontando estereotipos

De las cifras publicadas en el diario EL MUNDO, hay unas que llaman poderosamente la atención y que desmontan algún que otro estereotipo con respecto a la violencia de género: El 11 por ciento de los maltratadores y el 14 por ciento de mujeres maltratadas tienen estudios universitarios. La imagen que se suele "vender" de las víctimas de malos tratos se corresponde con una mujer de escasa formación, sexagenaria y habitante del medio rural. Y, a la vista de los datos, tampoco el perfil del maltratador se corresponde con el prototipo de hombre inculto, posesivo y machista a que tan acostumbrados nos tienen los medios. Al menos, ese 11 por ciento ha recibido una formación universitaria en la que, a buen seguro, le han hablado en repetidas ocasiones de los derechos de las mujeres y de la igualdad de sexos.

En la misma información referida, otros datos desvelados por el Instituto de la Mujer confirman, entre otras cosas, que la violencia doméstica la sufren mujeres de todas las edades y que el 24,5 por ciento tiene entre 18 y 29 años. La mayoría vive en grandes poblaciones, de más de 200.000 habitantes, y su nivel educativo abarca desde estudios primarios completos (20 por ciento), hasta universitarios. Alicia Rodríguez, profesora de Derecho Penal de la UNED, afirma que "no tiene nada que ver el nivel educativo. Hace poco celebramos unas jornadas sobre violencia doméstica e intervino una médico maltratada por su marido".

Así pues, aun proliferando todavía actitudes machistas y posesivas de un sinnúmero de hombres, que en muchos casos acaban por coartar la libertad y la dignidad de sus parejas, lo cierto es que nos encontramos también con que hay algunos elementos que se escapan de los prototipos exhibidos asiduamente por determinados grupos de presión y medios de comunicación, que suelen cargar las tintas sobre el machismo predominante o sobre lo que consideran obsoletos modelos de educación en valores y fidelidad entre las parejas. Son los mismos que también acusan a la familia y a los matrimonios tradicionales de ser el origen, en muchas ocasiones, de una represión patriarcal que puede acabar en tragedia. Sin embargo, el matrimonio basado en el amor y en el respeto mutuo jamás practica este tipo de comportamientos y, aunque a veces la relación de muchos matrimonios se vuelve insoportable y acaba rompiéndose, las verdaderas causas del incremento de la violencia doméstica hay que buscarlas también en otros fenómenos menos tradicionales y más trasgresores.

Los porqués de una sinrazón

De hecho, cuando se constata que una de las principales características del siglo XXI y de las sociedades modernas es el alto grado de violencia contra las mujeres, no se puede por menos que cuestionar también la afirmación de que esta violencia, en el pasado, estaba motivada por la represión y la falta de libertad en las relaciones sexuales, sobre todo, a la vista de las cifras publicadas por el Instituto de la Mujer. Hay, pues, otros indicativos que pueden desvelar el porqué de tanta violencia en nuestra sociedad, no sólo contra las mujeres, sino contra los ancianos, contra los niños y entre jóvenes de todas las edades.

Estamos, como hemos dicho en repetidas ocasiones, ante un hecho paradójico: Cuanto más avanzamos en tecnología, cuanto más bienestar alcanzamos, cuanto más racionales nos hacemos (siempre hablando en términos de países desarrollados, o sea, de una minoría en relación con la población mundial), más individualistas, hedonistas, trasgresores y egoístas nos volvemos. La desvinculación y falta de compromiso con nuestros semejantes, incluso con nuestra propia familia y amigos, va acompañada de una falta de conexión con el pasado, con la tradición y el respeto hacia los mayores, con la espiritualidad necesaria para creer en un mundo mejor. Y éstos no suelen ser unos buenos ingredientes para fomentar la comprensión, el amor y la entrega hacia nuestros semejantes, incluidos los más cercanos, como es el caso de las mujeres maltratadas por sus propias parejas. Tal como dice Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Universidad Complutense, en su artículo Violencia sexual y cultura, "se está produciendo aquello que Octavio Paz denominaba uno de los tiros por la culata de la modernidad... Reducir el sexo a mera genitalidad es sembrar las semillas de la violencia sexual y provocar a la larga actitudes de riesgo". Pues eso, un auténtico "tiro por la culata" de la modernidad y la trasgresión.

Por otra parte, los modelos educativos que transmitimos a nuestros hijos dejan mucho que desear. La sociedad, influida por esa falsa concepción de lo que tiene que ser la modernidad, exalta especialmente a través de los medios todo lo que significa trasgresión y placer inmediato. Un mal ejemplo para los más pequeños, que "devoran" hasta tres horas diarias de televisión. Según matiza Navarro-Valls en el artículo, "el 60 por ciento de los niños en edad escolar y preescolar permanece tres horas al día frente a la pequeña pantalla. Según datos fiables, estos niños ven unos 10 casos de violencia física, tres de ellos con resultado de muerte; una serie notable de efusiones sentimentales y eróticas fuera del matrimonio; y uniones carnales descritas con bastante minuciosidad". En cuanto a la información que reciben sobre los casos de violencia doméstica, muchas veces es tratada con todo lujo de detalles y morbosidad por los llamados programas del corazón y del cotilleo, un hecho deleznable por cuanto suele frivolizar sobre la trágica realidad que afecta a las mujeres maltratadas. Toda esta información ayuda a conformar la personalidad de los niños en la adolescencia y posterior madurez. No hay que olvidar que el grupo de jóvenes entre 20 y 24 años es el que registra más violencia. Son las primeras generaciones criadas al amparo de la sociedad desvinculada, la misma que fomenta la expulsión del sentido religioso y la espiritualidad de la vida cotidiana.

Sin embargo, como también afirma Navarro-Valls en el artículo antes mencionado, aún queda lugar para la esperanza: "Muchas personas comienzan a descubrir los tradicionales valores de la fidelidad, el compromiso mutuo y el matrimonio... Según un estudio sobre los valores de los universitarios realizado por la Universidad Complutense (marzo de 2000), el 65,3 por ciento de los universitarios considera imprescindible la fidelidad sexual a la pareja, cifra que se eleva al 73,1 por ciento cuando se trata de universitarias". De continuar creciendo esta tendencia, quizás no todo esté perdido en el futuro.
http://www.e-cristians.net/listados/marcos.asp?ide=5780&cat=temas&lan=esp
 
 
 
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