VERSIóN ESTENOGRáFICA DE LAS PALABRAS DE LA SECRETARIA DE DESARROLLO SOCIAL, JOSEFINA VáZQUEZ MOTA
Durante la intervención en el III Congreso Mundial de Familias, que tuvo lugar en el Centro Banamex
Autor: ---- Fuente: III Congreso Mundial de Familias

México, D.F., a 29 de marzo de 2004.

Muy buenos día tengan todas y todos ustedes.

Señora Marta Sahagún de Fox, esposa del presidente de los Estados Unidos Mexicanos;

Excelentísimo monseñor Norberto Rivera, arzobispo primado de México;

Muy estimado Lorenzo Servitje, presidente honorario del Congreso.

Jesús, gracias por la invitación,

Amigos todos.

Quiero compartir con ustedes algunas voces de los mexicanos más pobres de nuestro país.

Ellos nos han dicho que recurren a la familia como primera opción para mejorar el lugar donde viven.

En caso de accidentes o desastres naturales, la familia es la primera instancia al alcancen; lo hacen para conseguir empleo, cuando tienen problemas de dinero o cuando no tienen suficiente para comer.

Lo que menos tienen enfrentan retos similares a los de todas las familias, pero a su vez experimentan realidades particulares, muchas veces extremas, que se van conformando en el seno de los hogares.

Es aquí, justamente en el seno de los hogares, donde aparecen las primeras grandes brechas de desigualdad: la desnutrición infantil en uno de cada tres niños, lo que frena su desarrollo físico y mental.

La deserción escolar del 40 por ciento de los adolescentes antes de terminar la secundaria, lo que disminuye las posibilidades para el futuro.

O la percepción de que el trabajo doméstico solamente es responsabilidad de las mujeres; en los hogares más pobres de México, el 70 por ciento cree que así es, contra el 35 por ciento en la clase media, lo que sin duda limita la equidad entre hombres y mujeres.

En las familias mexicanas podemos ver realidades concretas que no podemos ni debemos ignorar.

El número de hogares en México se ha multiplicado desde 1970, pasando de 7 a 25 millones, y para el año 2006 serán aproximadamente 33 millones de hogares.

Estas familias, más que una experiencia única, son sentidas y vividas de manera diferente según la condición social, la edad, el parentesco y su dinámica intergeneracional.

No se trata, creemos nosotros, de pensar en el país o en la vida familias como si alguna vez hubo una época de oro.

Ahora, una persona vive en unión con su pareja más de cuarenta años, mientras que a principios del siglo pasado solamente lo hacía 20 años en promedio.

El primer gran reto entonces, que quisiera plantear esta mañana, ante el Congreso, es cómo fortalecemos una institución que se transforma en la vida cotidiana.

Ambos retos, ser sujetos de cambio ante nuevas realidades, y a la vez consolidarse, son complejos y demandan sin duda una gran responsabilidad.

Entre las nuevas realidades para las familias mexicanas está la migración. De los 10 millones de residentes en Estados Unidos nacidos en México, 45 por ciento son ya mujeres, con niveles de participación económica por encima de lo observado en nuestro país.

Entre 1990 y este año, el número de hogares receptores de remesas prácticamente se duplicó de 700 mil a un millón y medio, lo que representa ya el 6 por ciento de nuestros hogares.

Estas remesas significan el 50 por ciento del ingreso en los hogares que las reciben.

Hoy en día algunos discuten si se deben gravar estas remesas, pero está claro que ello afectaría seriamente el esfuerzo de padres, cónyuges, hermanos o hijos que con gran esfuerzo separan parte de su ingreso para apoyar a sus familias en México.

Esta es una clara muestra, solamente un ejemplo, de cómo una decisión de política económica puede afectar las oportunidades para millones de familias.

En la actualidad, casi 5 millones de hogares son encabezados por mujeres, cuando en 1990 solamente eran 3 millones.

Por la creciente participación de la mujer en la actividad económica extra doméstica, hoy en nuestro país poco más de la mitad de los hogares en México, ya es el 52 por ciento, reciben contribución económica de uno o más de sus integrantes del sexo femenino.

Las familias con un solo proveedor masculino ya no son la mayoría en México, sin embargo muchas de nuestras instituciones, así como miles de decisiones cotidianas no reconocen en ocasiones, ni remotamente, esta realidad.

Las mujeres siguen siendo víctimas de abuso y violencia, principalmente de sus cónyuges o de algún familiar.

Casi cuatro de cada 10 de las mujeres derechohabientes del IMSS, señalan haber sufrido un acto de violencia sobre todo de tipo sicológico.

En 80 por ciento de los casos la violencia se ejerce frente a los hijos; abuso y violencia que con frecuencia encontramos ocultamos detrás de las paredes del hogar, sin que nadie lo note y en ocasiones a muy pocos les importe.

No permitamos que la impunidad se convierta en una trampa. La violencia es una realidad inaceptable para todo orden social.

Muchas personas maltratadas en lugar de recurrir al Ministerio Público buscan ayuda con familiares o con algunas Organizaciones de la Sociedad Civil. Las más pudientes, acuden tal vez al psicólogo, pero todavía existe una fuerte renuencia a hablar de violencia doméstica, lo que tiende a hacer prevalecer la impunidad.

La fortaleza del Estado de derecho debe irse construyendo también en el ámbito de la familia.


Las mujeres representan la tercera parte de la población ocupada. La vida diaria de las familias necesita de trabajo. En el hogar se realiza un intenso trabajo cotidiano que no se nota a simple vista, en muchos casos poco se habla o se valora este trabajo.

Muchas mujeres realizan solas el trabajo de la casa, no siempre porque los varones están enfermos. Entre los mexicanos mayores nacidos antes de 1935, sólo tres de cada 10 considera que la limpieza del hogar es tarea de hombres y también de mujeres.

Si bien hemos avanzado, afortunadamente, y hoy ya piensan distinto el 50 por ciento de las parejas menores de 40 años, todavía la mayoría cree que debe ayudar y no es su responsabilidad.

Estas son algunas de las realidades que hoy se viven en la familia, a través de las cuales la sociedad transmite valores y costumbres; transmite el valor de la ética, el respeto a las leyes, la manera de pensar, los modos de relacionarse con muchas otras personas.

Ante la urgente necesidad que tenemos en México de una vida institucional poderosa, es urgente fortalecer la institución de la familia.

¿Qué significa fortalecer la familia? En primer lugar, fortalecer la familia significa contribuir a propiciar condiciones de vida digna en los hogares.

Cuando las familias enfrentan constantemente enormes dificultades, reproduce en sus integrantes una sensación de riesgo o de inseguridad que contribuye a mermar la capacidad para poner en marcha proyectos de largo plazo.

Fortalecer a la familia, significa realizar sus derechos sociales. La mayoría de ellos, la vivienda, la salud, la alimentación, pasa por la institución de la familia.

La política social debe tener como eje fundamental a la familia, aunque a veces los apoyos sociales aparezcan dirigidos solo a un miembro, este miembro de la familia requiere del apoyo, de la subsidiariedad del resto.

Al final de cuentas, debemos señalar con absoluta convicción que las políticas públicas deben tener perspectiva de familia, no solamente la política social; la perspectiva de familia no debe ser ámbito de una o algunas instituciones, debe estar presente al igual que otras perspectivas de manera transversal, y también de manera integral.

En segundo lugar, para fortalecer la familia se requiere impulsar acciones para ampliar capacidades y también oportunidades. Amyrta Zen, Premio Novel, señala que el desarrollo es un proceso de expansión de libertades, necesitamos que la familia se convierta en el primer espacio real de democracia y de ejercicio de la libertad.

En la administración del presidente Vicente Fox se han impulsado políticas públicas con perspectiva de familia. Tener hoy con su cuenta bancaria a más de un millón 300 mil mujeres, habla de su patrimonio, pero fundamentalmente de perspectiva de familia.

En tercer lugar, convocaría yo a facilitar el acceso de las familias a la protección social y a los servicios de apoyo.

Hay quienes afirman que la maternidad y el trabajo son incompatibles; la realidad demuestra lo contrario.

El 65 por ciento de la Población Económicamente Activa tiene hijos. Los servicios para aliviar la carga doméstica, guarderías infantiles, centros de atención, son hoy una prioridad.

Nos decía una mujer recientemente en Hidalgo, cuando se abrió un Centro de Atención Infantil: nos dan la oportunidad de tener un lugar seguro donde nos cuiden a nuestro hijos, mientras que nosotras trabajamos.

Antes se quedaban solos en casa, o se salían a la calle y nadie los cuidaba ni les enseñaba cosas.

Debemos ser capaces de responder: ¿cómo impulsamos acciones instituciones para ayudar a las personas que han experimentado algún rompimiento familiar a recuperarse y tener los mismos espacios que los demás?

Porque muchas veces la rigidez de las instituciones es lo que menos ayuda a la reconstrucción de la vida familiar. Cada año en nuestro país 380 mil adolescentes se embarazan, esto representa casi uno de cada cinco nacimiento en México.

De origen, estas nuevas familias parten de una situación de desventaja. ¿Dónde están los jóvenes para responder por estos embarazos?

Por último, es necesario fortalecer a la familia, porque la democracia genuina empieza por casa, porque en muchas ocasiones las brechas de desigualdad se inician en la familia con inequidad, discriminación o abusos intergeneracionales.

Si la democracia genuina empieza por casa, entonces las prácticas y comportamiento de los individuos termina por dibujar las prácticas y comportamientos de la sociedad.

Si queremos arropar la democracia en México, debemos arropar la democracia en la familia y para ello es necesario fortalecer la libertad.

La familia es así el pilar del desarrollo humano.

¿Para qué queremos familias fuertes en México, para qué queremos familias fuertes en el mundo? Las queremos para hacer posible una democracia cotidiana, queremos familias fuertes para una economía competitiva, queremos familias fuertes para una mayor y mejor ciudadanía, queremos familias fuertes para fortalecer la vida institucional, queremos familias fuertes para construir una sociedad cada vez más libre, pero particularmente mucho más responsable que la que hoy vivimos, queremos construir familias para ser sujetos y en consecuencia sí, reconocer y transformar realidades, pero también ser sembradores de esperanza.

Koffi Anan señala: “Las familias constituyen la línea de vanguardia para un mundo más acogedor y más seguro, es necesario preservarlas de la desintegración, de la violencia y también de la pobreza”.

Quienes estamos aquí, sabemos, que la familia o su ausencia marcará nuestras vidas para siempre, por eso es urgente trabajar para tener familias fuertes, pues sólo a la luz de ellas se explicará y será posible construir también países fuertes.

Muchas gracias.
http://www.valoragregado.com/artman/publish/article_44.shtml
 
 
 
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