SENADORES VS. EMBRIONES

Autor: Paz Fernández Cueto Fuente: Reforma

(30 Abril 2004).-

Por decisión del Senado de la República, y en oposición a la iniciativa presentada por el PAN se eliminó la prohibición explícita para investigar en células troncales humanas, abriendo paso a la experimentación con embriones humanos.

La Cámara de Diputados había aprobado en diciembre pasado, con los votos del PAN, PRI y PVEM, la creación del Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMG), con el objeto de impulsar decididamente la investigación científica que conduzca a la posibilidad de prevenir enfermedades y lograr una mejor calidad de vida, a partir de su área de oportunidad. En esta iniciativa se incorporó un párrafo con el objeto de proteger la vida humana, estipulando que: "en ningún caso podrán ser sujetos de investigación las células troncales humanas de embriones vivos, o aquellas obtenidas por transplante nuclear". Así fue aprobada la iniciativa y enviada a la Cámara de senadores.

Pese a ello, las comisiones dictaminadoras en la Cámara de senadores eliminaron de su dictamen el párrafo aprobado por los diputados, con lo que se eliminaba también la salvaguarda de la vida, objeto último de la investigación médica, y la dignidad de embriones humanos que ahora pasan a ser material de experimentación.

Un Estado que vela por el respeto a los derechos humanos en todas sus manifestaciones, que promueve leyes que eliminan y previenen toda forma de discriminación o exclusión a las mujeres y a los hombres, en especial a los más indefensos, desprotegidos o desvalidos, en los términos de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, es el mismo que ahora se pronuncia por la discriminación vía destrucción de seres humanos en su fase más desprotegida y elemental. Los senadores que votaron a favor de la experimentación con embriones humanos, ¿será que no miden la trascendencia de sus actos? ¿O quizá este asunto les tiene muy sin cuidado, ocupados como están en otros temas de mayor importancia como elevar la pena por el robo de gasolina? Qué ironía, el miércoles se aprueban en el Senado penas de 6 a 10 años de cárcel, y multas de 500 a 10 mil días a quienes alteren, roben o trafiquen con hidrocarburos y sus derivados, cuando el martes en este mismo recinto legislativo, se concede licencia a la experimentación en humanos.

Ciertamente el criterio que privó en senadores como Manuel Bartlett, Genaro Borrego, Oscar Cantón, Enrique Jackson, Emilio Gamboa Patrón, Dulce María Sauri, Demetrio Sodi, César Camacho, Silvia Hernández, y otros más de quienes hubiéramos esperado otra reacción, fue pragmático, utilitarista y materialista.

Los señores senadores no pueden haber dejado de considerar que la discusión se centraba en torno a seres humanos existentes puesto que son, y ciertamente, entre sus consideraciones si es que las hubo, deben haber concedido a los embriones cierto rasgo de humanidad, simplemente por pertenecer a la especie homo sapiens o por ser individuos de una naturaleza determinada a quienes sólo faltaría tiempo para actualizar todo lo que ahora encierran en potencia. Precisamente es en su carácter de humanos, el interés de proceder a la investigación de embriones. Criterios tan deshumanizantes dejan mucho que decir de estos señores senadores que comenzaron su existencia siendo embriones, embriones que ahora llevan su nombre y su apellido. En aquella diminuta célula que un día fueron, estaba contenida la esencia de lo que ahora son, sólo que tuvieron la fortuna de haber iniciado su existencia en una época en que la vida humana se respetaba desde el estado embrionario, estando prohibida la experimentación.

¿Cuál es el origen del ofuscamiento de estos senadores aparentemente avalados por argumentos científicos?

En primer lugar la ignorancia, y por si fuera poco, la falta de una formación ética humanística que reconozca el valor inalienable del ser humano por encima de intereses científicos, políticos, económicos o cualquier otro. El progreso científico no puede estar fincado en un retroceso ético por la violación a los derechos humanos.

Para entender el problema, es necesario entender lo que sucede a nivel científico respecto de la clonación humana, y posteriormente hacer una valoración ética y racional al respecto.

El termino clonación se puso de moda hace algunos años, cuando la revista Nature publica en Inglaterra el nacimiento de la oveja Dolly. Clonar es tanto como producir seres vivos genéticamente idénticos a la célula de origen. No se trata de una escisión gemelar, sino de la reproducción asexuada, sin la previa unión sexual, y agámica sin el encuentro de los dos gametos, tal como sucede después de la unión sexual al tener lugar la fecundación.

Dolly procedía de una célula somática ya diferenciada, de su madre, y no de dos gametos sexuales, de ahí la gran novedad científica que esta oveja británica representaba. Desde el primer momento la comunidad científica internacional, comenzando por los creadores de Dolly, rechazó la clonación humana con fines reproductivos por considerarla "ofensiva y repugnante para la especie humana", reprobable desde el punto de vista ético.

El objeto del actual debate es la clonación humana con fines terapéuticos, que implica el cultivo de células madre con vistas a la regeneración de tejidos y de futuros transplantes, lo que implica manipular al embrión, experimentos que ya se han venido haciendo desde hace algunos años con los embriones sobrantes de las fecundaciones in vitro, operaciones de auténtico "desguace" del embrión, aunque en este caso no se trata de aprovechar materiales de desecho de un edificio o de un viejo barco, sino de una vida humana incipiente.

La clonación terapéutica consiste, llana y claramente -no por argumentos moralistas como los que achacan a quienes nos oponemos a ella-, en manipular al embrión humano de pocos días de vida, separar las células de su masa interna es decir las "células madre" para multiplicarlas y formar diversos tejidos con fines terapéuticos. La realidad biológica y científica es ésta: sacrificar al embrión para utilizarlo en la regeneración de tejidos, formación de órganos, etcétera, quedando por resolver el problema ético: ¿se justifica destruir a seres humanos para curar a otros? En otras palabras, ¿el fin justifica los medios?



Ya desde 1984 para tranquilizar a la opinión pública, el famoso informe Warnock propiciado por investigadores que querían seguir adelante con sus experimentaciones científicas a partir de la destrucción de vidas nacientes, dictaminaron -no porque así lo dijera la ciencia, sino porque así convenía a su investigación-, que antes de la implantación del óvulo fecundado en el útero no se podía hablar propiamente de embrión, ni considerar aquel cúmulo de células como una vida humana en desarrollo, para lo cual inventaron el término de preembrión.

Toda persona, especialmente gobernantes y legisladores, tarde o temprano ha de poner en juego su conciencia y su responsabilidad moral. Sólo los animales transitan por la vida sin preocuparse por tener que rendir cuentas al final de su vida sobre la trascendencia de sus actos. Siempre es tiempo de rectificar.

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