DISCURSO DE GéNERO, FALSA ARMA POLíTICA

Autor: Enidh Álvarez Fuente: MILENIO Diario

El discurso sobre la equidad de género y el alegato de la misoginia han sido argumentos ilegítimamente utilizados.

El discurso sobre la equidad de género y el alegato de la misoginia han sido argumentos ilegítimamente utilizados por algunas de las grandes figuras femeninas que hacen política en México.
Filósofa y profesora en la UNAM, Griselda Gutiérrez explica cómo algunas políticas mexicanas se han “colgado” de la lucha feminista para abrirse espacios en las cúpulas del poder; en tanto que Mercedes Arce, psicóloga y profesora del ITAM, lanza su tesis: el problema de fondo es la adopción que han hecho las mujeres de un ejercicio del poder típicamente masculino.
Ambas académicas, junto a la analista de discurso de la UAM Xochimilco, Silvia Gutiérrez Vidrio, desmenuzan el caso de las políticas mexicanas que en la historia reciente han cimbrado la estructura de sus partidos políticos: Marta Sahagún (PAN), Rosario Robles (PRD) y Elba Esther Gordillo (PRI).
Marta Sahagún
Mal uso a la causa feminista

Para la profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, Marta Sahagún “le hace muy mal servicio a todo lo que tenga que ver con la causa feminista y al discurso de género en específico”.
Acota que primero se debe entender que hablar de una perspectiva de género implica un posicionamiento. “Es como si habláramos del movimiento gay y lo contrastáramos con lo que es ser homosexual. Homosexual puede ser una opción, en cuanto estilo de vida. Ser gay, tal como se dio en los países anglosajones, es asumir esa conciencia política para no permitir que te arrinconen y que se vuelva un asunto meramente privado, de censura y de intolerancia de los otros. Ser gay implica un compromiso político por esa causa.
“Lo mismo ocurriría en el caso de las mujeres y el feminismo. El feminismo tiene una perspectiva de género que tiene todo un trabajo teórico y político detrás, y por ello se puede establecer una frontera muy clara entre lo que es ser mujer y ser una persona comprometida con el género.”
Por ello refiere que en el caso de la primera dama, el hecho de “apropiarse de un discurso no necesariamente implica que se es congruente con la causa. Que ella encabece una serie de iniciativas que pretendidamente van encaminadas a generar equidad, a generar empoderamiento, como es el discurso del que ella se ha apropiado, que es característico del feminismo, implica que nosotros nos hagamos una pregunta vital ¿Cuáles son las estrategias que está empleando?
“Lo que ella está aplicando es el modelo típico filantrópico de la conciencia cristiana que quiere hacer caridad, lo cual pone en duda la dignidad del otro, la capacidad del otro, la mayoría de edad del otro, que no es el caso del feminismo, donde no cabe la caridad ni la filantropía, sino el reconocimiento de los derechos.”

La filósofa va más allá cuando explica que aunque en Sahagún se observa “una carga cristiana, lo cierto es que lo que la está movilizando finalmente es un afán de poder, de prestigio, de reconocimiento, pero no necesariamente un compromiso con una causa feminista (...) el hecho de que sea bajo la sombra del marido, que es nada más y nada menos el Ejecutivo del país, donde se mueve, eso te habla de cómo medra a costa de una posición privilegiada tradicional, que es ser la esposa. Y medro a costa de una sociedad en donde hay una débil institucionalidad y una débil legalidad, y entonces muevo algo de recursos públicos para mis causas privadas, que eventualmente pueden ser la vía a través de la cual ya esté subvencionando, sin haber pasado por autorización alguna, su propia campaña”.
Desde la óptica de Silvia Gutiérrez, analista de discurso, Marta Sahagún “ha buscado incidir en el campo político por medio de un discurso en el que más que hablar de un proyecto de nación, lo que deja ver es un proyecto particular”.
Cuando la primera dama habla de los niños, de los pobres, de las amas de casa, “es interesante analizar que está utilizando todo un discurso muy emotivo para llegar a esa audiencia, que muy probablemente sí está buscando sentirse representada, pero hay que ver que se trata de todo un juego para mover las fibras de destinatarios que podrían verse identificados con ella”.
Rosario Robles
Incorporó convicciones de reivindicación

Cuando aborda la figura de Rosario Robles, la filósofa de la UNAM lamenta la coyuntura. “El momento actual ensombrece completamente el análisis e impide hacer una evaluación justa, correcta y creíble, incluso para quienes estén juzgando su postura”.
Explica que el caso se encuentra a la mitad de un proceso a nivel informativo: “Nos faltan cosas por saber para poder tener elementos suficientes que nos permitan analizar, porque si nos quedamos con lo que tenemos hasta ahorita, parecería que se trata de alguien que traicionó a la izquierda, y a la que eventualmente colocaríamos en el esquema más cabal de la incongruencia: una mujer bien posicionada, asertiva, etc., que se deja ganar por el amor, la engañan y se presta a juegos sucios”.
No obstante, señala: “Si nos atuviésemos a la historia previa, creo que se trata de una persona que genuinamente fue incorporando una serie de convicciones de reivindicación de las mujeres.
“Su propio posicionamiento político y los embates que tuvo que resistir dentro de su partido, en la historia previa, insisto, mostraron que había una fuerza interna y una convicción del valor que se puede tener como mujer, como política, y el significado que pueden tener las banderas por las cuales merece la pena que una se comprometa.”
Menciona, por ejemplo, las iniciativas a las que Robles dio empuje, como la reglamentación a nivel de delitos sexuales en relación con el aborto. “Y yo no creo que se pudiese, bajo ninguna circunstancia, decir que estas acciones las utilizó como un recurso meramente político para ganar adhesiones en ciertos sectores o convencer de su pensamiento progresista o democrático.”
En el caso de la investigadora de la UAM, ésta refiere que “pese a la dificultad de analizarla en este momento, creo que en ella sí ha habido ostentado un discurso más congruente en términos de participación política, porque finalmente ella sí tiene una trayectoria que la ha vinculado directamente con las feministas”.
La investigadora encuentra difícil analizarla al calor de los últimos sucesos, toda vez que Rosario Robles “tenía un discurso muy bien armado y ahora parece que se viene abajo. Siento más bien que a Rosario no le sonaron las alarmas”.
Elba Esther Gordillo
Ausente, el discurso de género

La brevedad que Griselda Gutiérrez aporta al análisis de Robles contrasta con el que le concede a Elba Esther Gordillo, y del que se desprende que el tema de género está “absolutamente ausente” de los discursos de la priista.

“Se trata de un discurso que ha surgido un poco más constantemente en estos últimos tiempos, pero sólo como la respuesta que tuvo a los contendientes de su propio partido, quienes la cuestionaron, y era entonces cuando ella alegaba que tenía la razón porque decía que la atacaban por misoginia”.

A tal argumentación la califica de “capciosa, porque se sabe que ése es un tema muy sensible en este momento: ahora las mujeres cuestionamos, protestamos porque se nos resten oportunidades o se nos someta a evaluaciones injustas o más rigurosas a las que se les someten a muchos hombres; el caso aquí es que se trata de una argumentación absolutamente pragmática”.

En este sentido, explica que los estilos de Elba Esther están en otro lado. “Cuando se dice que es la Hoffa mexicana, es porque se vale de las mismas fórmulas de los sindicatos que han utilizado métodos non sanctorum para capitalizar poder, y si estamos concientes de la existencia de un partido que tuvo como su recurso principal de poder y funcionamiento al corporativismo, pues esa gente que tiene habilidad para manejarse en el ámbito gremial, es natural que luego lo deje sentir en el terreno de la política”.

En ese sentido, la filósofa de la Máxima Casa de Estudios explica que el estilo de la lideresa priista es uno, “en donde pareciera que se transmutan en un determinado momento, aunque en cuerpo de mujer, los mismo estilos, los mismos discursos, los mismos métodos, que tú encontrarías en cualquiera de los hombres duros de la política”.

Por su parte, Silvia Gutiérrez Vidrio destaca que Gordillo “es sin duda una mujer con toda una trayectoria política, pero creo que el análisis que podemos sacar de su discurso es que la ha perdido la ambición por el poder”.

El ejercicio del poder

Si bien Silvia Vidrio establece la urgencia de llevar a cabo análisis más extensos con el fin de definir hacia dónde se dirigen las manipulaciones del discurso político, la psicóloga Mercedes Arce afirma que “hay infinidad de temas que son utilizados por intereses políticos”. Y enfatiza: “El problema no está en el discurso que se utiliza, el problema está en quién utiliza ese discurso”.

Arce plantea que los discursos de género en voz de las mujeres políticas se han visto contaminados por las propias prácticas de las estructuras partidarias. “Los partidos políticos, en algún momento de su formación, sí fueron ese ente que le permitió a la gente nuclearse alrededor de determinados principios y tratar de luchar, pero cuando se convirtieron en partidos electorales, empezaron a transformar su esencia: de representantes de la población hoy tenemos partidos corruptos que sólo están luchando por el poder”.

Haciendo énfasis en la falta de un código de ética real, la sicóloga encuentra la raíz del problema en la violación de los valores, así como de los principios que le dan sentido al quehacer político.

Los mismos mecanismos de los hombres

“Lo que ahora vemos es que la mujer está usando los mismos mecanismos de los hombres para tratar de obtener una cuota de poder, y mi consideración es que la mujer tiene que tratar de acceder a un tipo de poder diferente. Lo genuino de un movimiento de equidad de género es luchar, hombres y mujeres, si fuera posible, por un poder diferente. Un poder que no sea un poder sobre el otro, que sea un poder con el otro, para el otro”.

Reconoce que “parece una cosa ideal porque desafortunadamente en los seres humanos operan mecanismos que los llegan a convertir en verdaderos monstruosos. Estamos acostumbrados a ver el poder del hombre, que es aplastante, y no creo que ése sea el poder con el que la equidad de género tiene que luchar. Me gustaría ver a una mujer que intentara otros modos de dirección: dirección colectiva, entender qué quiere el otro, ponerme en el papel del otro, tratar de buscar objetivos comunes”.
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