LAS FRONTERAS DE LA CIENCIA

Autor: Esteban Zamora Fuente: NOTIMEX

El sensacionalismo de los acontecimientos políticos de los últimos días hizo que pasara inadvertido un acontecimiento de importancia relevante registrado en la sesión del Consejo Nacional del PAN del pasado día 9: a propuesta de la Comisión de Doctrina de ese órgano partidario, se votó y aprobó un punto de acuerdo consistente en exhortar al presidente de la República, Vicente Fox, y al secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez para que al representación de México emita un voto congruente con el humanismo bioético en el tema de la clonación, dentro de los trabajos del sexto Comité de la Asamblea de las Naciones Unidas.
Es, desde luego, natural que el salvaje asalto a la Cámara de Diputados por parte de los asambleístas del PRD y las demás las embestidas antidemócraticas contra las instituciones, la glorificación de la violencia y la justificación de la irracionalidad hayan atraído con más fuerza la atención de la opinión pública que otros hechos políticos fundamentales que se dieron en forma simultánea, pero es importante que al gritería y el escándalo no nos hagan perder de vista otros acontecimientos verdaderamente trascendentes.
Los consejeros del PAN le recordaron al presidente Fox su discurso pronunciado en Nueva York, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el que dijo: "juntos podemos garantizar el derecho de cada persona a una existencia conforme a su dignidad humana, así como el derecho de las generaciones futuras a crecer, desarrollarse y contribuir a la historia de la civilización humana".
Y tiene razón Fox al expresarse de esa manera, puesto que la investigación científica y el desarrollo tecnológico, indispensables para procurar el bien común, tienen sus fronteras, como lo señaló la Comisión de Doctrina del Consejo Nacional panista, en la dignidad de la persona humana. En efecto, si la investigación justificara en nombre de la ciencia la instrumentalización de las personas, no hubiera habido –por ejemplo– ninguna razón para condenar a los nazis por sus experimentos realizados con judíos y prisioneros de guerra como conejillos de Indias para probar es sus cuerpos los efectos de las condiciones ambientales extremas y los impactos de algunos fármacos que estaban en etapa experimental.
No se puede argumentar, como se hace con frialdad extrema, que el embrión humano no es una persona. Es imposible perder de vista que se trata, en primer lugar y de una manera indiscutible, de una vida humana, y que además desde el momento de la concepción lleva ya completo su código genético que lo convierte en una individualidad única e irrepetible con posibilidad, como dijo Fox en las Naciones Unidas, de crecer, desarrollarse y contribuir a la historia de la civilización. Vale resaltar que si, para los efectos patrimoniales, al concebido se le tiene por nacido con el fin de defender su derecho a los bienes que ha de recibir por sucesión legítima, con muchísima mayor razón se le debe tutelar y proteger su derecho a la vida, que es el primero de todos los derechos.
En consecuencia, como se asentó en el documento al que nos hemos referido, "el ser humano no puede ser objeto de manipulación ni de las agresiones que conducen a su destrucción y eliminación, como son la clonación reproductiva y la clonación terapéutica".

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