LOBBY GAY… CONTRADICCIONES EN EL GOBIERNO FEDERAL

Autor: Paz Fernández Cueto Fuente: Yo Influyo

Dejé en la mesa, como propuesta de mi último artículo, la necesidad de definir un proyecto de familia para impulsar la salud social, en el entendido de que no hay familia perfecta, aunque sí podemos deducir los elementos básicos que se requieren para garantizar un mínimo de seguridad y bienestar. La familia que ha sido diseñada como hábitat natural y primario del hombre, sustento de sus derechos precisamente humanos, en donde el nacer, crecer y morir tenga lugar dentro de un ambiente amoroso, de acuerdo con la dignidad de su persona. Me refiero a la familia fundada en el hombre y la mujer que por la diferenciación también natural que se da entre los sexos, se constituye en generadora de los hijos, responsable de criar, alimentar, nutrir, educar, es decir, de hacer crecer en todas sus posibilidades a cada uno de los miembros que la componen.


El término natural al que se tiene cierta aversión cuando se aplica a la familia, se entiende mejor cuando constatamos con vergüenza lo antinatural que resulta vivir contrafamiliarmente. No es natural que un niño viva en las coladeras, que una madre tenga que trabajar todo el día o que un padre no provea de lo necesario. Y cuidado con la confusión de términos: lo natural es diferente a lo común. Desgraciadamente va siendo cada día más común encontrar droga en las escuelas, y no por eso es natural que los adolescentes se droguen. La problemática de la madre soltera es alarmante y, sin embargo, no debemos acostumbrarnos a que los niños crezcan sin padre, ni a que la mujer sea abandonada a su propia suerte. Idealmente se necesitan dos para educar ya que fueron dos los que engendraron. Seguridad, amor, respaldo económico, educación, cultura, valores, tradiciones y creencias emanan en forma natural de la familia, de tal manera que una sociedad prospera en la medida en que se fortalecen sus familias, y para esto se requiere del sustento de políticas públicas favorables y congruentes.


Confunden por tanto, ciertas acciones que se promueven desde el gobierno federal emitiendo señales en sentidos opuestos: por una parte el presidente Fox respalda la iniciativa de apoyar a partir de este primer domingo de marzo "El día de la familia" y por otra, Julio Frenk, con recursos de la Secretaría de Salud, lanzará también próximamente en marzo, una campaña mediática de "respeto a la diversidad sexual" en donde, desde la familia, se promueve la actividad homosexual. A través de spots radiofónicos que se difundirán en 15 ciudades del país, es la mamá la que festeja que su hijito, que se ve enamorado, le vaya a presentar a su novio Óscar con el que lleva saliendo cinco meses.


Resulta que ahora desde la familia se intenta promover el desorden sexual, ofreciendo al adolescente esta conducta como una opción inofensiva, aceptada por sus padres y lo que es peor, pretendiendo otorgar carta de naturalización a lo que no lo tiene. Lo natural es la complementariedad entre los sexos en vista a la fundación de una familia; lo demás aunque sea cada vez más común no es natural; responde a fenómenos culturales, recurrentes todos ellos en distintas épocas de la historia y asociados frecuentemente a sociedades decadentes.


No se trata de fomentar una fobia irracional contra homosexuales, la llamada homofobia, que tampoco debería restringir la libertad ciudadana de expresar la preferencia o el rechazo hacia determinadas conductas que se consideren inconvenientes, basados en las propias costumbres, creencias, principios o valores. Como persona, todo hombre merece respeto y consideración, la garantía inviolable de sus derechos humanos, entre otros a la no discriminación, por absurda que resulte su preferencia, sea piromaniaco, cleptómana, mitómana o lo que le plazca. Por más distinto que sea, se le debe aceptar como persona, aunque juzguemos riesgosa su conducta, como sería el caso del piromaniaco que se aficiona a jugar con fuego, o del cleptómano que manifiesta preferencia por lo ajeno. Hay que distinguir, una cosa es respetar a la persona y otra muy distinta aceptar una conducta desordenada que por más que se intente no puede ser declarada natural simplemente por decreto.


No deja de ser significativo el que la campaña antes mencionada sea promovida desde la Secretaría de Salud, en colaboración con Censida. ¿Es que el doctor Frenk sigue visualizando la homosexualidad como un problema de salud pública? Ciertamente lo es. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce en la actividad homosexual el mayor índice de riesgo para contraer sida, así como otro tipo de enfermedades de transmisión sexual. ¿Cómo es posible entonces que las autoridades encargadas de promover la salud fomenten conductas tipificadas para grupos minoritarios de alto riesgo? ¿A quién se le ocurrió la brillante idea de intentar absolver la actividad homosexual desde la familia, el mayor activo con el que actualmente contamos los mexicanos? ¿Qué derecho tiene el gobierno de minar la institución más fuerte que nos queda?, ¿en la que tenemos más confianza?, ¿la que ha sostenido nuestra economía a la par que el petróleo, por las divisas que los chicanos envían a sus familias? ¿Qué afán de introducir ideologías importadas que van contra la familia debilitando sus valores fundamentales?


No podemos ignorar la fuerte presión que sufre el secretario de Salud por grupos activistas de homosexuales, nacionales e internacionales. A estas alturas, como está sucediendo con otros altos funcionarios de gobierno, su mirada está puesta en escalar un puesto para el 2006. Más que el interés por la salud del pueblo, su principal móvil es hacer méritos que le aseguren la dirección de la OMS, y para esto le será muy útil contar con la fuerza que los grupos gay han ganado en organismos internacionales. Los activistas de los derechos homosexuales han adquirido enorme poder e influencia en los tribunales, en la política y en los medios de comunicación, de tal manera que forman uno de los grupos de presión más fuertes de Estados Unidos.

El homosexualismo político como herramienta fundamental del lobby gay, es la estrategia para convencer a los políticos de la rentabilidad electoral y por tanto, la política de hacer guiños y concesiones legislativas al lobby homosexual. Pretende promover cambios legislativos que redefinan las evidencias antropológicas. Quiere cambiar las leyes para poner fuera de la ley, encarcelar en su caso y privar de todos los derechos civiles a quienes afirman que los actos homosexuales constituyen un desorden. Acusa de homofobia a quienes, respetando a las personas, no comparten sus opiniones respecto a la actividad homosexual. Sin duda toda una estrategia mediática. Frenk ha caído en esta trampa: a cambio de la rentabilidad electoral a nivel internacional se ha ganado el descontento de millones de padres de familia que perciben de aberrante su campaña, el repudio de las iglesias, el rechazo social de quienes aún conservan un mínimo de sentido común, y la desconfianza hacia el partido blanquiazul por su inconsistencia. En su intento por conciliar lo irreconciliable, acabarán como dice el dicho: "aborrecidos por los gallos y picoteados por las gallinas".
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