LAS CONSECUENCIAS SOCIALES QUE SE DERIVAN DE LA LEGALIZACIÓN DE LA EUTANASIA Y QUE NOS PUEDEN HACER PENSAR SOBRE SU LICITUD

Autor: ---- Fuente: Haz Política

I. Un riesgo para los más débiles

El establecimiento de una norma pública permisiva para la eutanasia podría suponer trasladar un mensaje social a los pacientes más graves e incapacitados, que se pueden ver coaccionados, aunque sea silenciosa e indirectamente, a solicitar un final más rápido, al entender que ellos suponen una carga inútil para sus familias y para la sociedad. Tanto más fuerte sería esta presión cuanto más comprometidas fueran las circunstancias de la enfermedad, o la precariedad de la atención médica y familiar. De tal modo que los pacientes más débiles o en peores circunstancias serían los más presionados a solicitar la eutanasia. Paradójicamente, una ley que se habría defendido para promover la autonomía de las personas se convertiría en una sutil pero eficaz arma de coacción social.

Además a quienes luchan en esta difícil situación, al conocer como “modélicos” incluso “heroicos” ciertos casos, les lleva a cuestionarse, incluso les puede condicionar y llevar a “sentirse mal” con su esfuerzo. Ellos son los verdaderos “héroes”, pero no se les reconoce.

II. Debilitamiento de la confianza del enfermo hacia el sistema sanitario

Una ley de eutanasia podría generar desconfianza hacia los profesionales de la salud al entenderse que su aplicación no sería indiferente para la economía de una institución sanitaria.

III. Competencia profesional en cuidados paliativos o petición de eutanasia

Se han publicado estudios recientes muy rigurosos que muestran que la petición de eutanasia por parte de los enfermos disminuye al mejorar la formación de los profesionales en el tratamiento del dolor y en cuidados paliativos. Ello permite aventurar la hipótesis de que una legislación permisiva con la eutanasia frenaría la implicación, tanto científica como asistencial, de algunos médicos y profesionales de la salud en la atención a unos enfermos sin posibilidad de curación que requieren una considerable dedicación de tiempo y recursos humanos.

IV. Consecuencias a nivel jurídico

El problema no es el tener derecho a quitarse la vida o no, eso podría ser jurídicamente irrelevante, ya que no se puede castigar a quien ya no vive. Nadie podrá impedirle nunca a nadie quitarse la vida si así quiere hacerlo. Lo que sí es muy relevante es que una sociedad decida legitimar que un ser humano le quite la vida a otro. Es de temer que un Estado que permite legalizar la eutanasia vaya a la deriva, llegando a lo que un autor de nuestros días llama el Estado criminal . Desde el momento en que se transgrede el principio de igualdad radical que existe entre todos los seres humanos, y por el cual nadie puede disponer de la vida de otro, surge en la sociedad una dinámica totalitaria. Es el principio del fin de la sociedad realmente democrática, basada en la igualdad de derechos.

La táctica de la derogación: a propósito de la eutanasia, se está utilizando una táctica ya experimentada en otros ámbitos, es decir, la táctica de la derogación. Dicha táctica consta de dos fases. En primer lugar, se afirma con gran fuerza un principio general. Por ejemplo: “Todos los hombres tienen derecho a la vida”. Inmediatamente después, se apresura a suprimir ese principio que se acaba de proclamar, aplicándole una serie de derogaciones. (Ver principio de pensamiento sobre “Aborto”)

Esta táctica aumenta el riesgo de asistir a la instauración de la tiranía mediante la vía del derecho. La ley pierde el carácter específico de ser la fortaleza del débil frente al fuerte. Por el contrario, se pone al servicio del más fuerte. No debemos olvidar que el positivismo jurídico, que brota sólo de la voluntad de los hombres y, por tanto, es mudable y adaptable a todo tipo de voluntad arbitraria de los grupos más potentes, ha sido siempre la base de los sistemas autoritarios.

No hay que olvidar en qué medida el derecho “normaliza” las conductas y en qué medida despenalizar lleva a generar conductas favorables .

V. Consecuencias a nivel médico
También aquí hay que temer que la historia se repita y que la profesión pierda, en parte, su credibilidad. Es evidente que el médico no puede cambiar de papel durante el día, y pasar de artífice de la vida a autor de la muerte. Los pacientes no pueden vivir con el constante temor de la sentencia de muerte pronunciada por el propio médico.
En Holanda el disponer de una salida "fácil" ante situaciones difíciles, está disminuyendo la creatividad de los médicos holandeses para seguir investigando y buscar nuevas soluciones a la problemática planteada por los pacientes en la etapa final de su vida, dificultando al mismo tiempo la comprensión del verdadero papel de la libertad personal frente a la muerte.
VI. La teoría de la pendiente resbaladiza

La teoría de la pendiente resbaladiza es un clásico argumento consecuencialista que se ha aplicado a la eutanasia para deducir que una vez legalizada en casos de solicitud voluntaria, el clima social conduce a los médicos y a los familiares a deslizarse hacia su aplicación en casos de enfermos inconscientes o incapaces que no han expresado su autorización. Aunque el juicio ético no proviene de las consecuencias es interesante confrontar lo que está sucediendo al respecto.

En Holanda se ha comprobado su exacto cumplimiento puesto que ya hace años se reconocieron cifras importantes de casos de eutanasia no solicitada , cuando en un principio sólo se defendía su aceptación en casos de solicitud expresa y reiterada, como un ejercicio de autonomía.

Es interesante observar cómo la pendiente de tolerancia para aceptar los casos de eutanasia y suicidio asistido se ha ido haciendo más y más inclinada:

1. Primero se comenzó solicitándola para enfermos en coma irreversible (caso Karen Quinlan, por ejemplo) donde era fácilmente “comprensible” la inutilidad de esas vidas y era cuestión de justicia, con la persona y la sociedad.
2. En un segundo momento se adujeron motivos de compasión, en enfermos terminales que sufrían mucho, introduciendo aquí el nuevo concepto de dignidad. (Cf. eutanasia infantil enHolanda)
3. Después se introdujo, el concepto de “derecho” a escoger (con la difusión de los testamentos vitales) en enfermos NO terminales, que no sufrían atrozmente, pero que tenían enfermedades crónicas invalidantes (por ejemplo tetraplégicos) que no querían aceptar.
4. Posteriormente se fueron presentado casos de enfermedades crónicas no invalidantes como el Parkinson.
5. Finalmente los casos para los que se pide son por transtornos psicológicos como la depresión o los que simplemente manifiestan que están “ cansados de vivir”

Esta concepción de la libertad (como valor absoluto) y de la dignidad más una opinión pública bien preparadas hace que se puedan justificar cada vez con más tolerancia, los casos de de suicidio asistido en situaciones donde no hay enfermedad terminal sólo enfermedades crónicas o incluso ni siquiera enfermedad .
 
 
 
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