POR AHí NO VA

Autor: Paz Fernández Cueto Fuente: Yo Influyo

Hace 15 años, cuando las políticas gubernamentales a nivel mundial realizaban grandes esfuerzos para difundir el uso del condón, confiando en que ello frenaría la pandemia del sida así como diversas enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados entre adolescentes, me entrevisté con un subsecretario de Salud para exponerle serias dudas acerca de lo que me parecía una falacia: pretender solucionar con hule látex un problema relacionado con hábitos de conducta, si tomamos en cuenta que la sexualidad es parte integral de la persona. "Eso está muy bien para tus hijos y los míos -me respondió mientras esbozaba una sonrisa irónica- pero, tratándose del pueblo..., de la gente ignorante..., de jóvenes de escasos recursos o mínima educación, ésta es la única solución posible: la difusión masiva del preservativo". Me indignó lo arrogante de su respuesta. En su escritorio lucía la foto impecable de su familia, merecedora, según él, de un tratamiento distinto al que había que aplicar al pueblo en general. Sus hijos sí estaban en condiciones de recibir educación, de educar su voluntad, de controlar sus instintos, de no arriesgar la salud, de ser dueños de sus actos, de gobernar a su persona, es decir, de entender y vivir la sexualidad a lo humano. Al tenerle frente a mí, impecablemente bien vestido con un blazer azul marino, botones dorados y corbata de Hermés, sobre el trasfondo de la foto familiar enternecedora, me brincó la imagen de los generales nazis, de esos que salen en las películas que exhiben el horror de los campos de concentración, galanes de buen ver, hombres distinguidos, personas de exquisito refinamiento, padres y esposos ejemplares esmerados en proteger a sus familias mientras que, paralelamente, con actos abominables, daban trato infrahumano a quienes consideraban inferiores y merecedores de otra suerte. ¿Es que el pueblo no se puede educar? ¿Es que las personas de alta marginación y pobreza merecen un trato inferior? ¿Es que se considera a los jóvenes incapaces de controlar sus instintos, seres irracionales impedidos para entender la sexualidad a lo humano?

Es fácil ver en retrospectiva y analizar lo que ha sucedido desde entonces, finalmente ya se pueden medir los resultados de la política sostenida por el gobierno en materia de sexualidad desde hace casi tres décadas. Uno tras otro los gobiernos en turno sin distinción de partidos, ya que en esto no hubo cambio en el gobierno del cambio, han seguido la estrategia trazada por instancias transnacionales enfocadas al control demográfico, de fomentar el uso del preservativo y su distribución masiva. Se habla de la importancia de la educación sexual en la prevención de enfermedades y de embarazos no deseados, reduciendo esa palabra maravillosa de educación a la acción de difundir el preservativo y entrenar a jóvenes y adolescentes para su uso, atribuyendo el fracaso de las sucesivas campañas a la falta de protección o higiene inadecuada, sin plantearse siquiera la posibilidad de educar a los jóvenes acerca de la verdad del sexo para obtener mejores resultados.

Lo único cierto es que el contagio aumenta y los laboratorios siguen hinchando sus bolsillos con un flujo que va en aumento, mientras los preservativos ganan terreno en antros, escuelas y centros de salud, sin distinguir siquiera la estrategia de su distribución entre la población estudiantil en general, y los llamados grupos vulnerables de alto riesgo relacionados con la práctica de la homosexualidad y la prostitución. Para el caso les da lo mismo.

Son preocupantes las cifras registradas recientemente por la Dirección General de Epidemiología referentes al contagio de enfermedades de transmisión sexual, detectando mil 450 personas contagiadas cada día. El número de casos de sida diagnosticados por el sector salud se incrementó en un 56 por ciento, de manera que este año, entre el 1o. de enero y el 10 de julio, se diagnosticaron en el país mil 490 nuevos casos de pacientes con sida siendo que en el 2004 el número de detectados fue de 952, en su mayoría de sexo masculino. De acuerdo al Centro Nacional para la Prevención y Control del Sida, existen en México alrededor de 160 mil personas viviendo con el Virus de Inmunodeficiencia Humana, VIH, sin manifestar aún síntomas de la enfermedad. Pese la evidencia que demuestra que de cada 100 casos acumulados de VIH, 92 se han originado por transmisión sexual, seis por vía sanguínea, y dos por vía perinatal, los distintos sectores de salud insisten en el condón y su uso adecuado, como óptima solución al problema, promoviendo con esto, no una conducta de abstinencia sexual entre los jóvenes hasta llegar al matrimonio o en su defecto a una relación estable, sino la difusión de una conducta promiscua que fomenta relaciones de riesgo.

No pretendo con esto decir que educar en la sexualidad a los jóvenes sea un problema de fácil solución, y menos aún juzgar las buenas o torcidas intenciones de quienes siguen obsesionados con soluciones deficientes y parciales, sin embargo, la cerrazón no es buena consejera, menos aún cuando las cifras demostrando lo contrario se interpretan según la conveniencia política. Desde el inicio de las campañas que fomentan el uso del condón lejos de avanzar hemos retrocedido, el sida sigue creciendo de modo exponencial, las enfermedades aumentan, y los embarazos no deseados entre adolescentes se han convertido en un grave problema social, por lo que es urgente hacer un esfuerzo de superación de barreras mentales, para admitir que son los comportamientos adquiridos con la educación, los que cambiarán el rumbo de la conducta y por tanto los resultados.

Otra cosa sería si se intentara educar a la población sobre el verdadero significado de la sexualidad y su relación natural con la transmisión de la vida, con la complementariedad hombre mujer, con la donación mutua, con el respeto, con la fidelidad, con la entrega, con el amor, con los sentimientos, en una palabra, con la estabilidad emocional, con la felicidad de la persona y el equilibrio social.

Da mucho que pensar cómo la ecología, atribuyéndole un sentido casi religioso, se ha convertido en creencia infalible en la mentalidad del hombre actual. Mientras que en todos los ámbitos se proclama el respeto a la naturaleza como condición indispensable para la preservación del ambiente en armonía con el ser humano, por otra parte, en lo que a sexualidad se refiere, se fomenta el desconocimiento al lenguaje del cuerpo, su contaminación con fármacos que obstruyen los procesos naturales, la obstrucción sistemática de sus procesos biológicos, el manejo artificial de sus funciones en algo tan fundamental, confundiendo el respeto a lo natural con actitudes moralistas que intentan ridiculizar. Y es que lo natural no es tener relaciones sexuales con el primero que se ofrezca siempre y cuando cuente con un condón o con la pastilla del día siguiente. Lo natural no es la promiscuidad sexual al amparo del hule látex. Lo natural no es fomentar las relaciones precoces entre estudiantes de secundaria, distribuyendo preservativos gratis a la salida de la escuela para usarlos a la primera oportunidad. Y lo sensato para los padres y maestros es insistir en la educación como el arma más poderosa, confiando en la capacidad de los jóvenes para asimilarla, exigiendo al mismo tiempo la colaboración de las autoridades dentro de un marco de respeto a los valores, que promueva vivir plenamente la sexualidad en el momento adecuado y con la persona indicada. Hoy por hoy la estrategia del gobierno no ha dado resultados positivos bajo ningún aspecto. Por favor, si no ayudan..., por lo menos que no estorben.


*Escritora y Presidenta de ENLACE
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