"MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO"
¿Por qué las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser consideradas como matrimonio ni ser reconocidas jurídicamente?
Autor: Haz Política Fuente: Haz Política

I. Aclaración de conceptos

A. ¿Qué es el matrimonio?

El matrimonio es la institución social, anterior al Estado, que consiste en la unión total, exclusiva, e indisoluble de un hombre y una mujer.

B. ¿Qué significa dar reconocimiento jurídico como matrimonio?

Cuando un hombre y una mujer hacen un contrato público de unión total, exclusiva e indisoluble, este contrato es reconocido por la autoridad civil como “matrimonio.” No es que la autoridad civil “haga el matrimonio,” sino que reconoce en el matrimonio una institución natural, con características y comportamientos únicos y reconoce que los esposos se han comprometido públicamente a entrar en esta institución, asumiendo los deberes y derechos que le son propios. El Estado tutela el matrimonio como tutela cualquier contrato. Cuando se trata de un contrato, y no simplemente un acuerdo privado, el Estado tiene la autoridad y la responsabilidad de exigir de los contrayentes lo que estos libremente prometieron.

C. ¿Qué es la Homosexualidad?

La homosexualidad es una desviación afectiva, provocada por factores psico-sexuales o por elección, en que la persona siente la atracción sexual hacia personas de su mismo sexo.


II. ¿Por qué quieren algunas personas que las uniones entre personas del mismo sexo se reconozcan como matrimonio?

1. Por una visión incompleta o errónea del matrimonio. Ven el matrimonio como “la expresión más grande del amor entre dos personas,” y no como una institución natural con propiedades y fines inmutables. Así, negarle a dos personas enamoradas el derecho natural al matrimonio a causa de su orientación sexual, parece ser una injusticia.

2. Por ver al matrimonio como un “trofeo de igualdad” y el medio por conseguir a nivel legislativo y en la opinión pública, que las uniones entre personas del mismo sexo y las uniones entre un hombre y una mujer (sean casados o no) sean percibidas y valoradas como iguales.

3. Por querer que las parejas de personas del mismo sexo tengan acceso a los mismos derechos y beneficios sociales que el Estado ofrece a parejas casadas.

III. ¿Por qué no se debe reconocer como matrimonio a uniones de este tipo ?

Simplemente, porque no es, ni puede llegar a ser, un matrimonio. La justicia y la honestidad exigen que demos a cada cosa su valor correcto, no que tratemos como iguales a cosas que son distintas. No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta.

En el fondo de la lucha por reconocer como “matrimonio” a parejas del mismo sexo, hay una concepción errónea e incompleta de lo que es el matrimonio y la razón por la cual el matrimonio siempre ha sido reconocido como una institución social especial.

El matrimonio es más que una “declaración pública de amor” o un “compromiso de estar siempre juntos.” Los esposos son más que dos personas que se quieren o que se han comprometido a ser siempre fiel a su pareja. Hasta ahí, no hay nada que distingue esta relación de una fuerte amistad. Una simple amistad o relación interpersonal no tiene por qué ser reconocido como una institución social puesto que es un asunto privado entre dos personas que no tiene más repercusiones en la sociedad.

El matrimonio, por contraste, representa el mayor interés público tanto que cada sociedad humana lo ha reconocido como una figura social y ha sentido la necesidad de rodearlo con políticas, con ritos, con privilegios y protecciones, porque el matrimonio es el compromiso, no sólo de amistad y compañía permanente, sino de una unión total; y esta unión total entre un hombre y una mujer tiene como consecuencia natural el engendrar hijos, el futuro de la sociedad. Así, la sociedad es intrínsicamente dependiente del matrimonio, que no sólo engendra hijos, sino que crea, por el compromiso que une mutuamente a los esposos, un ámbito donde estos hijos son recibidos y educados con amor, funciones necesarias para que los hijos alcancen su desarrollo pleno y se integren en la sociedad.

Entre personas del mismo sexo es imposible realizar una unión sexual. No hay complementariedad física de los órganos genitales, ni hay complementariedad biológica de las células gametos, haciendo imposible la concepción de un hijo. Los actos “genitales” que pueden hacer personas del mismo sexo son intrínsicamente estériles.

Una relación en donde no hay posibilidad de unión sexual, ni posibilidad de reproducción sexual, ni complementariedad personal, no se puede considerar matrimonio, puesto que faltan todos los elementos particulares y características del matrimonio.

Aunque la posibilidad de unión sexual es una exigencia fundamental para el matrimonio, el matrimonio no existe como institución social sólo por este fin, ni es la única razón por lo cual es necesaria la complementariedad sexual entre los esposos. El matrimonio es la institución natural de unión total y de una entrega y aceptación mutua de los esposos, es decir de toda su persona. La sexualidad es un elemento fundamental del hombre y de la mujer que marca todas las dimensiones de su persona: en lo físico, lo psíquico y lo espiritual. La entrega sexual, entonces, es una entrega de toda la persona y no se limita sólo a lo físico. Un hombre y una mujer sólo pueden entregarse y recibir al otro realizando una unión plena cuando hay complementariedad en todos los niveles de su persona.


IV. ¿Cuál es entonces el estatus social que podrían tener las parejas de personas del mismo sexo?

Los miembros de una sociedad civil tienen el derecho de asociarse. Si quieren, pueden vivir juntos (sea por motivos de afecto o de conveniencia práctica) con tal de que esta convivencia no representa una amenaza al bien común. Pero, el hecho de la convivencia no es suficiente en sí para que la sociedad los tenga que reconocer como una institución social u otorgarles derechos y privilegios especiales sólo por el motivo de que viven juntos.

La sociedad no está obligada a dar reconocimiento público o institucional, ni beneficios especiales, a uniones que no representan un interés público, es decir, que son consecuencia de elecciones privadas y que no constituyen una contribución significativa o positiva para el desarrollo de la sociedad.

Cuando se trata de elecciones que se limitan al interés privado, las autoridades públicas sólo pueden garantizar la libertad, pero no deben inmiscuirse. Sin embargo, la autoridad civil, en vista del hecho de una convivencia [de naturaleza afectiva], puede ofrecer ciertas medidas a nivel práctico o beneficios sociales (por ejemplo: medidas fiscales, de seguro médico o social, o de herencia) dado que existe una relación de dependencia mutua.

Sería otra cosa llamar a estas convivencias “matrimonio” o darles todo los derechos y el estatus jurídico que les igualaría al matrimonio, al menos en un nivel práctico.

El matrimonio merece ser premiado, tutelado, protegido y debe recibir un puesto privilegiado en la sociedad civil por las funciones únicas, insustituibles e indispensables que realiza en la sociedad. No es una discriminación peyorativa en contra de otras formas de convivencia negarles los privilegios y derechos propios de las parejas casadas, es simplemente ser realista y justo, reconociendo que la sociedad tiene un compromiso mayor con el matrimonio por las responsabilidades y funciones que tiene el matrimonio con la sociedad.

El hecho de que una convivencia sea formada por personas con tendencias homosexuales no es en sí suficiente para exigir un reconocimiento o beneficios especiales que no son los mismos que reciben todos los demás tipos de convivencias o parejas de hecho. Esto es igualdad y justicia, no discriminación.


V. ¿Se puede dar el derecho de adoptar a parejas no casadas o parejas del mismo sexo?

El tener un hijo no es un derecho porque un ser humano nunca puede derecho, propiedad o posesión de otro. Sin embargo, aunque los padres no tienen derecho a un hijo, un niño sí tiene derecho a tener unos padres. La adopción es buscar una familia a un niño, no dar un hijo a una pareja.

La adopción consiste en crear entre tres personas una relación semejante, desde el punto de vista jurídico y social, a la que hay entre una persona y sus hijos biológicos. Para crear una relación semejante jurídicamente a la natural, la relación creada debe ser semejante a la natural. La adopción imita a la naturaleza y el vínculo de filiación adoptiva debe construirse a imagen del vínculo de filiación biológica: un padre, una madre, y un hijo. No, por ejemplo, dos padres y una madre, porque eso no existe en la filiación biológica.

El negarle la posibilidad de adoptar a una pareja de personas del mismo sexo no es una discriminación contra las personas con tendencias homosexuales. Tampoco dos hermanos (varones o mujeres), o dos amigos convivientes no homosexuales pueden adoptar conjuntamente, por las razones ya apuntadas. El problema, pues, no es de la orientación sexual, sino de la propia estructura de la relación que se quiere crear.

En la adopción, el bien y los derechos del niño están por encima de otros derechos por ser el más inocente e indefenso. El beneficio que se busca es para el niño, no para la pareja que le adopta. Para que un niño se desarrolle equilibradamente y llegue a su madurez plena como persona humana, necesita la presencia de un padre y de una madre. No es suficiente la simple atención y afecto de una o dos o cinco personas. La familia es para el niño su primera sociedad en donde se conoce como persona (con una identidad sexual determinada, masculina o femenina) y aprende como comportarse con las demás personas, hombres y mujeres.

Mucho del valor que un padre y una madre aportan a la vida del hijo se debe al hecho de que el padre y la madre son diferentes. Por la complementariedad y cooperación entre las diferencias, dan a sus hijos bienes que no se pueden dar por solo un pariente o por dos adultos del mismo sexo. Como masculino y femenino, el padre y la madre aman al hijo de diversas maneras y así acentúan y desarrollan diversos aspectos de la personalidad del hijo. La presencia del amor sano del pariente del sexo opuesto al sexo del hijo (el padre con su hija, la madre con el hijo) ayuda al hijo a familiarizarse con el mundo del sexo opuesto y tener confianza en tratar a personas del sexo opuesto.

La presencia del padre y de la madre son necesarios para el hijo en su transición a la madurez adulta. El niño y la niña aprenden del ejemplo de sus padres cómo ser hombre y cómo ser mujer. Un hogar compuesto por “padres” del mismo sexo crea para el niño una sociedad falsa y dificulta que él puede vertebrar su propia identidad y desarrollar una concepción realista sobre personas del sexo opuesto o del estilo de interacción y comportamiento que debe haber entre los hombres y mujeres.

Recientemente, se han realizado estudios que pretenden demostrar que no existen diferencias cualitivamente significantes entre niños criados por un padre y una madre, y niños criados por parejas del mismo sexo. Estudios realizados en los Estados Unidos por la Sociedad para la Investigación sobre Desarrollo Infantil y en España por la Universidad de Sevilla en el 2002 supuestamente demuestran que no existe ninguna diferencia entre los niños criados por una pareja homosexual y los niños criados por un padre y una madre. Ninguno de estos estudios son fidedignos puesto que en ambos sólo un grupo pequeño de niños de parejas homosexuales fueron los sujetos del estudio; el estudio se realizó tomando un corto plazo de tiempo, y no hubo un grupo de control con el que se podrían comprobar los resultados.

Por otra parte, estudios que han analizado hijos con edad suficiente para que sea posible identificar la tendencia sexual, han encontrado que había una incidencia significativamente mayor de relaciones homosexuales entre los que habían crecido con madres lesbianas que entre los hijos de mujeres heterosexuales divorciadas. Un estudio con 75 jóvenes mayores de 17 años, hijos de padre homo o bisexuales, comprobaron que el 9% eran homosexuales, tasa significativamente mayor de la sugerida por estudios poblacionales que la cifran en un 1% de adolescentes estadounidenses.

Otro factor de peso en contra del derecho adopción para parejas homosexuales es el hecho que las uniones homosexuales se rompan con muchísima más frecuencia que los matrimonios. Un estudio de hombres homosexuales en Holanda muestra que el promedio de duración de una relación homosexual “fija” era de 1.5 años. Otro estudio en los Estados Unidos muestra que “pocas relaciones homosexuales duran más de dos años, y muchos hombres homosexuales confiesan haber tenido cientos de parejas sexuales durante su vida. En Canadá, la primera pareja lesbiana que “se casó” se divorció tres semanas después.


VI. ¿Cuáles serían las consecuencias si las uniones entre personas del mismo sexo fueran reconocidas como matrimonio?

El reconocer como “matrimonio” uniones de personas del mismo sexo tendría las siguientes consecuencias sociales negativas:
1. Crearía una separación absoluta entre el matrimonio y la familia, puesto que ya la posibilidad de procrear dejaría de ser un elemento necesario y propio al matrimonio. Esto deshilaría el tejido social puesto que el matrimonio es el principio generador de la sociedad y el elemento básico que le da continuidad y estabilidad inter-generacional.

2. Si el Estado reconociera como matrimonio una unión que ni en el orden racional ni en la realidad de la naturaleza tiene nada en común con el matrimonio verdadero, significaría que el Estado puede crear leyes que no tiene ningún fundamento natural ni racional.

3. Significaría también la creación de una mentalidad legislativa de que son las circunstancias y las situaciones “de hecho” el criterio para formular una ley, no el interés para el bien común y el respeto para los derechos naturales.

4. Si la fundamentación natural del matrimonio ha sido borrada jurídicamente de su identidad, ninguna de sus otras características (monogamia, por ejemplo) se podría asegurar. Ya que el matrimonio sería un concepto sujeto a la definición del momento, dejaría la puerta abierta a englobar a tantos tipos de relaciones que el matrimonio dejaría de existir como entidad social reconocible. La poligamia, el matrimonio entre un hermano y su hermana, o de un hijo con su madre, podrían todos ser considerados “matrimonio.”

5. Aplicaría un criterio de trato social injusto, dado que, por el hecho de tener tendencias homosexuales, una persona merecería privilegios especiales. Discriminaría a los demás ciudadanos que no comparten estos privilegios a causa de su heterosexualidad.

6. Significaría dar un “visto bueno” social a la homosexualidad, ignorando que, ante todo, la homosexualidad es una desviación afectiva. La responsabilidad de la sociedad es ayudar a las personas que la sufren, no afirmar en falso que no existe ningún problema, o afirmar en falso que su comportamiento trastornado es parte de su identidad natural. La sociedad no trata así a las personas que sufren de adicciones, o de esquizofrenia, o de cáncer, ¿por qué sólo a las personas que sufren la homosexualidad?

7. Crearía confusión, especialmente entre los miembros jóvenes de la sociedad, sobre la realidad de la identidad sexual del ser humano, de las relaciones sociales entre hombres y mujeres, de las funciones de la familia, de la posibilidad de realizarse como personas en una entrega plena, total, amorosa y permanente de sí mismas a otra persona.

 
 
 
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